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miércoles, 24 de diciembre de 2008
martes, 23 de diciembre de 2008
Para eso estoy vivo (*)

Hacen unos años, en las vísperas de un viaje a Sudamérica, mi hija de 16 años me invitó a tomar un café a solas. Yo, en realidad, no podía darme ese lujo porque estaba trabajando en una extensa lista de asuntos pendientes, casi todos de urgencia, pero tampoco fui capaz de rechazar la invitación de mi pequeña. Pensé que tomaría el café con ella rápido y continuaría con mi lista. pero ocurrió algo extraño.
Cuando estaba frente a ella, la observé, la sentí, la escuché (No paraba de hablar). Me contaba sobre sus problemas en la escuela; sobre sus sueños, sus retos, sus convicciones, sus tristezas, sus alegrías, amores y desamores. ¡Abría su corazón conmigo! ¡Confiaba en mí! Más que esperar un consejo, deseaba sentir mi compañía… Y yo la escuché callado.
Sin decir nada durante varios minutos. Qué delicioso fue. Entonces, de asuntos de dinero y trabajo, dejando pasar los momentos más bellos de nuestra existencia, enceguecidos por las infinitas ocupaciones. Cancelé mi trabajo de ese día y decidí pasar la tarde con mi hija. Hubo gente molesta con mi decisión. Recibí algunos reproches.
Al día siguiente me fui de viaje a Sudamérica dejando varios asuntos pendientes. Después, todos salieron adelante, y el mundo no se acabó. Pero jamás he olvidado esa tarde. Aunque la computadora nos ha hecho más productivos, también nos ha esclavizado. Llevamos la oficina a la casa y en las tardes, noches y días festivos, trabajamos. Incluso viajamos llevando la computadora para terminar los asuntitos pendientes.
No lo hagas. No hoy. No en estas fiestas. Disfruta a tu familia. Después de leer este boletín, quiero hacer pronto, sin que pudiera prevenirlo, sentí un nudo en la garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas. Ella me preguntó qué pasaba y yo simplemente le dije “continúa”. Mi teléfono celular sonó (otra vez). Miré la pantallita. Había gente esperándome en la oficina. No quise contestar. Apagué el teléfono. Recargué los codos en la mesa, sosteniendo mi cabeza como alguien que ha encontrado el mejor paisaje del mundo y contemplé a mi hija.
Pensé. ¡Para esto vivo! Para estar con ella. Para poder disfrutarla, escucharla, acompañarla. Me di cuenta por un instante cuán errados estamos al perseguir siemprete una sugerencia. Desacelera. Apaga la computadora y ve a reunirte con las personas que amas. Te necesitan más de lo que crees. Se sienten más solas de lo que te imaginas. Ya ves. Se terminó otro año. ¡Y se nos fue tan rápido! Es momento de observar los paisajes, admirar los milagros, regresar a tu fe, volver a hablar con Dios apasionadamente, decirle cuanto lo amas y le agradeces… Es momento de volver a sentir un nudo en la garganta contemplando la belleza de tu familia y decir…
Para esto vivo.

Catedrático especializado en Alta Dirección de Empresas y Ciencias Exactas. Creador de un nuevo género literario llamado FICCIÓN- FUSIÓN.
La última Encuesta Nacional de Lectura realizada en México, indica que Carlos Cuauhtémoc Sánchez es el autor más leído en México y sus libros son los más leídos después de la Biblia. La casa editora que publica sus obras, estima de acuerdo a las estadísticas de ventas y distribución que el fenómeno se esta repitiendo en casi todos los países de América latina y entre la población de habla hispana de los Estados Unidos.
Nació en la ciudad de México el 15 de abril de 1964. Es autor de los libros: Un grito desesperado (1992), Juventud en éxtasis (1993), La última oportunidad (1994), Volar sobre el pantano (1995), La fuerza de Sheccid (1996), Juventud en éxtasis 2, (1997), Dirigentes del mundo futuro (1998), Contraveneno (1999), Sangre de Campeón (2001), Sangre de Campeón Sin cadenas (2002), Sangre de Campeón Invencible (2003), El Misterio de Gaia (2004), Mujeres de Conquista (2005),Sangre de Campeón En Pie de Guerra (Julio 2006), Te Desafío a Prosperar (Noviembre-2006), Te Desafío a Potenciar tu vida afectiva y sexual (Octubre-2007).
La Revista Time de Nueva York, en su edición especial de octubre, 15 de 2001, dice de él: “En un tiempo en el que los muchachos parecen crecer demasiado rápido, expuestos a presiones que sus padres nunca tuvieron, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, está tocando el corazón de lectores jóvenes, con un profundo mensaje moral, que lo convierte en el guía cultural ético de moda para millones de lectores”.
El periódico Wall Street Journal, en marzo 17 del 2000, comenta: “Carlos Cuauhtémoc Sánchez ha vendido casi tantos libros como los superestrellas de literatura latinoamericana, el Premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez y otros. El autor mexicano de los best sellers, da un mensaje de valores morales condimentado”.
El Periódico Reforma, en Octubre 14 y 16 de 1997, dice: “Una encuesta realizada por el departamento de investigación del Reforma señaló que los autores más leídos y preferidos de los universitarios mexicanos son Gabriel García Márquez, Hermann Hesse y Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Son el hit parade la literatura”. Los Ángeles Times, en junio 25 de 2002, asegura: “Para miles de personas, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, es una combinación entre la versión hispana del conferencista Tony Robbins y un amado sacerdote. Es, un líder espiritual que motiva a las personas en los momentos más duros de sus vidas a través de los valores humanos.
Con sus libros sobre la familia, el perdón, la fe y la formación del carácter ha llegado a ser el guía cultural de moda para los millones de personas en Latinoamérica que se han conmovido con sus profundos mensajes. Entre los Latinos en California del sur, él representa tanto como los gigantes de la literatura”.
El Día en Houston, Texas; el 24 abril 2003, menciona: "Carlos Cuauhtémoc Sánchez, el escritor que hace de la ayuda a los demás una experiencia de vida y que ha sabido transmitir sus vivencias y las de otros, logró conquistar el corazón de Latinoamérica. El autor mexicano cuyos libros han recorrido América Latina, y ha inspirado a tanta gente a mirar la vida de otra manera basándose en los valores humanos, estuvo ayer en el Día”.
Todos los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez han alcanzado la categoría de best sellers dentro de la literatura latinoamericana y varios de ellos han sido traducidos al inglés, al francés y al portugués.
El autor ha sido colaborador en diversos foros de radio y televisión como especialista en el área de formación humana. Obtuvo el “Premio Nacional de las Mentes Creativas” otorgado por la Dirección General del Derecho de Autor y el “Premio Nacional de la Juventud en literatura” otorgado por el Presidente de la República Mexicana. Ha impartido conferencias magnas en los principales auditorios del mundo hispano.
Actualmente hay una placa con sus huellas en bronce en el paseo de las luminarias de la plaza de las estrellas. Ha sido distinguido como el “escritor del año”, galardonado con el “sol de oro”, designado como “premio Toastmaster de la excelencia en la expresión oral” y reconocido por diversas organizaciones de ayuda social como uno de los filósofos de superación, liderazgo y familia, más importante de nuestra época.
(fuente: http://www.editorialdiamante.com/CCS/htm/ccs_semblanza.htm)
jueves, 6 de noviembre de 2008
Les comparto una reflexion...

Lectura bíblica:
Del Evangelio según San Marcos
Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.
Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
(MARCOS 3:13-19)
Reflexión:
Reflexión:
Jesús ha comenzado su misión y toma una decisión importante. De entre todos los que lo siguen, una multitud de discípulos, llama a doce. Es interesante como describe Marcos el criterio de elección de Jesús para llamar a esos y no a otros: “llamó a su lado a los que quiso.” Nada de capacidades sobresalientes o méritos adquiridos mueven a Jesús para preferir a estos doce en medio de tantos (basta mirar la lista de nombres y el “curriculum” de esos hombres para darse cuenta). Él llama porque quiere, y a los que él quiere.
Jesús los llamó y “ellos fueron hacia Él”. Jesús invita, no obliga. Sus amigos responden libremente a la vocación del Maestro. Escuchando la voz del que saben que los ama, estos hombres encuentran una causa por la que son capaces de dejar todo lo demás en segundo plano y poner sus vidas debajo de esa palabra, detrás de su amigo y Señor.
Y ¿para qué los llamó? El Evangelio también en esto es muy concreto: “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios”. Ir hacia Jesús, estar con Jesús, compartir la vida con Él, seguirlo a donde vaya, escucharlo, aprender de sus gestos, gozar de su compañía… es la primera intención del amigo que invita a vivir en comunión con Él.
Y esa comunión de los discípulos es para la misión: para anunciar con la palabra y con los gestos, con acciones de liberación y salvación, el amor y la amistad del Dios con nosotros.
Un detalle más: Jesús cuando llama, no sólo elige a cada uno por su nombre, sino que los instituye Doce, como comunidad, como equipo, como hermanos. Su llamada (vocación) es con-vocación. Nadie está llamado a una misión de superhéroe solitario. El discípulo misionero es llamado y evangeliza en la Iglesia, por la Iglesia y con la Iglesia.
(Gracias P. Marcelo- Asesor Pastoral Juvenil Arquidiocesana de Tucuman)
viernes, 17 de octubre de 2008
Miedo a ser feliz

¿Puede existir un miedo más vacío de sentido que el miedo a ser feliz? ¿Pueden las personas oponerse a algo por lo cual gritan querer poseer? Claro que sí que se puede. Es paradójico, pero es cierto. Por lo general, suele ser el motivo oculto de varias visitas al consultorio de cualquier terapeuta.
La vocación por sufrir vence a la vocación de ser feliz. Ser feliz es un derecho y un deber. Muchos hombres y mujeres lo ignoran o simplemente se hacen los distraídos. Ponen más la mirada en lo que no tienen que en lo que tienen.
“Todos quieren ser felices”, sin embargo, esta expresión queda anclada en un deseo.
Analicemos esto juntos y comencemos por precisar qué es el miedo. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define como la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Es un recelo o aprensión a que nos suceda una cosa contraria a lo que deseamos.
Entonces, la primera pregunta que surge es: ¿Ser feliz ¿qué daño puede ocasionar?
Zygmunt Bauman, en su libro Miedo líquido: la sociedad contemporánea y sus temores, señala que el miedo es “el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que hay que hacer ―a lo que puede y no puede hacerse― para detenerla en seco, o para combatirla, si pararla es algo que está más allá de nuestro alcance”.
Más que un miedo justificado, el miedo a ser feliz tendría la cualidad de difuso. Algo así como una inseguridad que nos mantiene en un estado de ansiedad permanente. Se busca lo que no se atreve a experimentar.
Una definición aséptica nos dirá que la felicidad es un estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. No se especifica qué tipo de bien, si material o espiritual, pero deja en claro “que es poseer”.
Jean Paul Sastre la define como: “la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”. El acento está en la acción, en el hacer. Otros autores opinan que no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
Me arriesgo a afirmar que la felicidad es estar bien con uno mismo, lo cual implica una mirada amorosa hacia uno mismo. La escritora francesa Francoise Sagan expresa: “La felicidad, para mí, consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia”. Nos acercamos a que la felicidad es una vivencia que emerge de poder percibir la cotidianidad de manera positiva y realista, además de percibirse uno mismo como algo valioso.
Para algunas personas, la felicidad se vuelve algo inalcanzable. Me pregunto si lo inalcanzable es el estado de ánimo o el bien que se quiere alcanzar. Tienen, ante ellas, todo cuanto necesitan, sin embargo, son esclavas de un deseo que los sumerge, irremediablemente, en la insatisfacción.
Habrá quienes se asustan tan solo de la idea de lograr aquello que quieren. Tal vez, porque piensan que no se merecen nada y parten de la posición de que son perdedores. Son seres con baja autoestima, ¡y ya sabemos los estragos que esto causa!
También están aquéllos que, aun llevando a cabo todo lo necesario para lograr lo que desean, cuando están a punto de concretarlo, lo abandonan. Es como si estuvieran preparados para el esfuerzo, pero no para el gozo. En estos casos, detrás de cualquier sentimiento de placer, subyace el sufrimiento. Como si debieran pagar un precio por disfrutar. Es obvio que hay un costo, que siempre se paga antes: el del trabajo que cada uno realiza, a su manera, desde sus opciones, para conseguir aquello que desea.
Por todo lo bueno, indefectiblemente, se paga un precio. La felicidad es algo bueno.
Somos dueños de la capacidad para experimentar tanto un sufrimiento como un placer. Ambos son buenos por igual: ayudan a perder el miedo a ser feliz.
La felicidad no es un destino adonde se llega; es la manera de caminar por la vida. El caminar con miedo no conduce a ninguna parte.
La vocación por sufrir vence a la vocación de ser feliz. Ser feliz es un derecho y un deber. Muchos hombres y mujeres lo ignoran o simplemente se hacen los distraídos. Ponen más la mirada en lo que no tienen que en lo que tienen.
“Todos quieren ser felices”, sin embargo, esta expresión queda anclada en un deseo.
Analicemos esto juntos y comencemos por precisar qué es el miedo. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define como la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Es un recelo o aprensión a que nos suceda una cosa contraria a lo que deseamos.
Entonces, la primera pregunta que surge es: ¿Ser feliz ¿qué daño puede ocasionar?
Zygmunt Bauman, en su libro Miedo líquido: la sociedad contemporánea y sus temores, señala que el miedo es “el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que hay que hacer ―a lo que puede y no puede hacerse― para detenerla en seco, o para combatirla, si pararla es algo que está más allá de nuestro alcance”.
Más que un miedo justificado, el miedo a ser feliz tendría la cualidad de difuso. Algo así como una inseguridad que nos mantiene en un estado de ansiedad permanente. Se busca lo que no se atreve a experimentar.
Una definición aséptica nos dirá que la felicidad es un estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. No se especifica qué tipo de bien, si material o espiritual, pero deja en claro “que es poseer”.
Jean Paul Sastre la define como: “la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”. El acento está en la acción, en el hacer. Otros autores opinan que no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
Me arriesgo a afirmar que la felicidad es estar bien con uno mismo, lo cual implica una mirada amorosa hacia uno mismo. La escritora francesa Francoise Sagan expresa: “La felicidad, para mí, consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia”. Nos acercamos a que la felicidad es una vivencia que emerge de poder percibir la cotidianidad de manera positiva y realista, además de percibirse uno mismo como algo valioso.

Para algunas personas, la felicidad se vuelve algo inalcanzable. Me pregunto si lo inalcanzable es el estado de ánimo o el bien que se quiere alcanzar. Tienen, ante ellas, todo cuanto necesitan, sin embargo, son esclavas de un deseo que los sumerge, irremediablemente, en la insatisfacción.
Habrá quienes se asustan tan solo de la idea de lograr aquello que quieren. Tal vez, porque piensan que no se merecen nada y parten de la posición de que son perdedores. Son seres con baja autoestima, ¡y ya sabemos los estragos que esto causa!
También están aquéllos que, aun llevando a cabo todo lo necesario para lograr lo que desean, cuando están a punto de concretarlo, lo abandonan. Es como si estuvieran preparados para el esfuerzo, pero no para el gozo. En estos casos, detrás de cualquier sentimiento de placer, subyace el sufrimiento. Como si debieran pagar un precio por disfrutar. Es obvio que hay un costo, que siempre se paga antes: el del trabajo que cada uno realiza, a su manera, desde sus opciones, para conseguir aquello que desea.
Por todo lo bueno, indefectiblemente, se paga un precio. La felicidad es algo bueno.
Somos dueños de la capacidad para experimentar tanto un sufrimiento como un placer. Ambos son buenos por igual: ayudan a perder el miedo a ser feliz.
La felicidad no es un destino adonde se llega; es la manera de caminar por la vida. El caminar con miedo no conduce a ninguna parte.
Por Joaquín Rocha Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
Obediente hasta la cruz

El Evangelio nos dice: Después de que llegaron al lugar llamado Calvario, ahí lo crucificaron... El laconismo no puede ser mayor. Pero ¡cuánto dolor hay detrás de estas palabras! Dolor de la humillación de ser el espectáculo del pueblo, el hazmerreír de la chusma. Dolor del pudor que siente que le arrancan los vestidos y la piel. Dolor de la sien que parece estallarle. Dolor de los clavos que penetran bajo sordos golpes del martillo y taladran hasta abrir hilos de sangre en las manos y en los pies. Dolor al ver a la Madre destrozada por la angustia. Dolor de ver la ingratitud a su amor. Dolor de conocer la esterilidad de su sacrificio en tantas almas...
Quien sufre -y a todo hombre le llega su momento, porque el dolor es la herencia del pecado- puede afrontar su sufrimiento de diversas formas: desesperación, rabia, escepticismo, odio...
Otros sencillamente se resignan sin comprender jamás ni el porqué ni el para qué de su sufrimiento. Y Cristo nos deja clara la razón: el dolor por obediencia redentora.
Si miramos sin fe la cruz de Cristo, como si miramos el dolor humano desde un punto de vista meramente natural, sólo hallaremos como respuesta el absurdo. Pero muy por encima del existencialismo desesperado de la vida, brilla la luz del misterio. Nadie me arrebata mi vida, sino que la entrego yo mismo... Éste es el mandato que recibí de mi Padre (Jn 10, 18). Ahí está la clave para comprender a Cristo crucificado y toda su doctrina y obra. Va al dolor y a la misma muerte con plena conciencia y con la más absoluta libertad. No ofrece una obediencia pasiva y resignada, "porque no hay otra alternativa", sino voluntaria y cumplida con perfección en el detalle: hasta sus últimas consecuencias. Y esto, a pesar de todo el dolor que le desgarra... Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil 2, 8). Sólo a la luz de esa obediencia amorosa se comprende la muerte de Cristo. Y porque ha obedecido, dirige la mirada a su Padre con confianza. Ha terminado su obra, ha llegado al final a pesar de todas las dificultades, a pesar de la cruz y de la muerte. Y en sus últimas palabras alcanzamos a percibir que es tal su amor, tanta la paz que invade su ser después de haber consumado la Redención, que el sufrimiento, el dolor y la muerte no tienen ya ningún poder sobre Él: En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu.
Dios está cerca del dolor, sea moral o físico, pues Él en Jesucristo también se quiso identificar con el sufrimiento humano, escogiendo la cruz para salvarnos. Por eso, el sufrimiento nos purifica, nos hace más agradables a Dios, nos educa en la recta apreciación de la vida humana y del sentido de la misma.
miércoles, 15 de octubre de 2008
Dios de Pactos

En este último tiempo me fui dando cuenta de que Dios en verdad no me deja, y pude ver hasta donde llega su fidelidad para con nosotros. La fidelidad y el cumplimiento de sus promesas son tan grandes que nosotros, difícilmente podremos llegar a entenderlo. Déjame contarte algo. Has oído hablar de la inmutabilidad de Dios...
Cuando el primer astronauta americano se preparaba para explorar el espacio exterior, un periodista le preguntó:-¿En que confía más para esta aventura?El periodista esperaba que el astronauta respondiera que confiaba plenamente en las grandes mentes que habían concebido la nave, los motores, los equipos electrónicos y quizás en sus colegas del gran centro de seguimiento y control de Houston. O quizás en sus propias capacidades de navegación aérea. En vez de eso el astronauta contestó:-En que Dios no cambie sus leyes.
El astronauta sabía muy bien que su seguridad y el éxito de la misión dependían de las leyes de Dios. Pues es Dios quien ha establecido las leyes de la gravitación universal, las leyes físicas que rigen el universo, como también las leyes morales de las Sagradas Escrituras.Esto es lo que significa "inmutabilidad de Dios", que podemos confiar plenamente en lo que Él es, ha sido y siempre será. Podemos confiar en su palabra, sus leyes y su santidad.
Interpretarás por esta historia que te estoy hablando de la fidelidad de nuestro Padre, y no te equivocas para nada, pero hoy quiero ir un poco más profundo.Me preguntaba si sabías hasta dónde llegan sus pactos y sus promesas (su inmutabilidad). Sé que no soy el dueño de la verdad, y muchas otras veces me he equivocado, pero es esto lo que hoy pienso...Pienso y Creo que Dios y sus virtudes (fidelidad y cumplimiento de pactos y promesas) han ido tan lejos que han alcanzado hasta nuestras malas e ignorantes decisiones; decisiones que hemos tomado, apresuradamente quizás hace ya mucho tiempo, pactando con Dios y haciéndolo comprometerse con nosotros, generando en nuestra vida, de parte de Él, un pacto genuino.
Lo que quiero decirte es que si tú has hecho un pacto con el Cumplidor de Promesas No pretendas que Él se olvide del mismo sólo por que tu ya no tengas ningun recuerdo de lo pactado. Si lo pactado fue una decisión tonta, pero desde el corazón, Él lo tomó seriamente y lo seguirá. Sea lo que sea que hayas pactado con Él, Él lo respetará.
Mi amigo, fíjate bien si tu vida no tiene alguna ligadura que tu no sabes ni entiendes el por qué de ella. Pídele al Espíritu Santo que te recuerde de tus pactos, quizás Él se ha mostrado profundamente fiel, aun en tus malas decisiones.Y no pienses que Dios es un Dios malo por hacer esto, talvez sólo quiera demostrarte que sus pactos y sus decisiones para contigo son inquebrantables,… como lo son sus promesas.
Interpretarás por esta historia que te estoy hablando de la fidelidad de nuestro Padre, y no te equivocas para nada, pero hoy quiero ir un poco más profundo.Me preguntaba si sabías hasta dónde llegan sus pactos y sus promesas (su inmutabilidad). Sé que no soy el dueño de la verdad, y muchas otras veces me he equivocado, pero es esto lo que hoy pienso...Pienso y Creo que Dios y sus virtudes (fidelidad y cumplimiento de pactos y promesas) han ido tan lejos que han alcanzado hasta nuestras malas e ignorantes decisiones; decisiones que hemos tomado, apresuradamente quizás hace ya mucho tiempo, pactando con Dios y haciéndolo comprometerse con nosotros, generando en nuestra vida, de parte de Él, un pacto genuino.
Lo que quiero decirte es que si tú has hecho un pacto con el Cumplidor de Promesas No pretendas que Él se olvide del mismo sólo por que tu ya no tengas ningun recuerdo de lo pactado. Si lo pactado fue una decisión tonta, pero desde el corazón, Él lo tomó seriamente y lo seguirá. Sea lo que sea que hayas pactado con Él, Él lo respetará.
Mi amigo, fíjate bien si tu vida no tiene alguna ligadura que tu no sabes ni entiendes el por qué de ella. Pídele al Espíritu Santo que te recuerde de tus pactos, quizás Él se ha mostrado profundamente fiel, aun en tus malas decisiones.Y no pienses que Dios es un Dios malo por hacer esto, talvez sólo quiera demostrarte que sus pactos y sus decisiones para contigo son inquebrantables,… como lo son sus promesas.
Saber Escuchar

“Te pago tu tiempo”
La recepcionista del elegante consultorio hizo pasar a la pequeña paciente y la presentó:- Doctor, aquí tiene una paciente muy especial.
El doctor vio con ojos de asombro a la niña y luego se fijó en la sonrisa cómplice de la recepcionista.- ¿Qué haces aquí?, no tengo tiempo para atenderte, estoy trabajando-, le dijo el sabio médico a la niña, un poco molesto.-
Papá, yo pagué tu tiempo, junté lo que me das para el colegio para que me escuches porque en casa siempre dices que estás muy cansado.
El médico de altos vuelos miró a su pequeña y, lleno de vergüenza, la abrazó y la hizo pasar para escuchar a la que había tenido que pagar una consulta para que su papá tuviera tiempo para ella.
Esta anécdota tan conocida debería hacernos pensar a quienes tenemos obligación de saber escuchar.
¿Qué es escuchar?Disposición para atender y entender a los demás (Diccionario de las Virtudes, Héctor Rogel Hernández. SCM, 2003)
Se hace notar la diferencia entre oír y escuchar: oír es sólo usar ese maravilloso sentido que nos hace situarnos en el mundo que nos rodea. Escuchar tiene un especial sentido de prestar atención, de atender. Puede ser que oigamos, pero que no estemos escuchando. Escuchar implica un compromiso con el que nos habla.
Nadie escucha Los transportes públicos en las grandes ciudades son una constante paradoja: viajamos estrechamente unidos a una multitud y, sin embargo, estamos perfectamente solos. No nos hablamos, nos ignoramos unos a otros y si llega a haber algún tipo de comunicación, ésta se reduce a una frase de cortesía obligada o a una mirada de reproche.La incomunicación se agrava cuando nos colocamos los audífonos para escuchar música, que vienen a significar aquel dicho popular: “no oigo, soy de palo”. No oigo y no quiero oírte, déjame en paz en mi propio mundo. Pero el amor todo lo vence y vemos por ahí a una parejita que comparte lo que escucha prestándose uno de los audífonos.No sabemos, y no queremos, escuchar. Y a nuestro alrededor está toda esa gente que tiene necesidad de ser escuchada.Y todos necesitamos ser escuchados.
Dios bendiga a los taxistas, ¡cuánto bien hacen con tan sólo escuchar nuestras quejas! En una ciudad grande el taxista es anónimo. ¿Cuándo lo volveremos a ver? Garantizada la discreción les soltamos las penas que cargamos dentro. Algunos tratan de consolar o de orientar, y realmente no importa cómo lo hagan; lo importante es que suelen escuchar con simpatía.
Algunos acuden al confesionario más que para recibir el perdón de los pecados, para ser escuchados.
Los niños definen al amigo como aquél que le pueden contar sus problemas.
Los adolescentes evitan estar en su casa donde todo mundo los regaña y nadie los escucha, y salen a la calle para encontrar amigos comprensivos que les dan lo que sus padres no les saben dar. Lo malo es que esos amigos suelen dar malos consejos.
Aprender a escuchar Urge aprender a escuchar. Primordialmente debemos hacerlo quienes tenemos la obligación, es decir, los padres de familia, los maestros, los sacerdotes, los orientadores y los médicos.Los papás aprenderán a escuchar movidos por el amor natural a sus hijos. El escuchar es personal y confidencial, pero no debe implicar complicidad.¿Cómo infundir en los hijos la confianza necesaria para que se abran? ¡Dejando de actuar como policías! En esa escucha paternal no caben ni el enojo ni la burla, pero sí la tolerancia y la comprensión; tampoco hay lugar para las represalias o para usar lo confiado en las relaciones posteriores.Los papás pueden buscar la oportunidad para hablar con cierta privacidad y en un ambiente propicio. Salir con un hijo es invitarlo a la confidencia.
Para saber escuchar:
* Acoger con educación y sensibilidad al que nos habla.
* Darle tiempo. No mostrar impaciencia. En ese momento él es lo más importante de nuestra actividad.
* Buscar juntos las soluciones. No pensar que tenemos todas las respuestas.
* Tratar de conocer la situación personal del que nos habla.
* Dejar de hacer cualquier otra actividad y mirar al que nos habla. También con los ojos se escucha.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Compañeros de viaje

Los ángeles son mensajeros de Dios. Se encargan de cuidarnos aquí en la Tierra.
Debido a su naturaleza espiritual, los ángeles no pueden ser vistos ni captados por los sentidos. En algunas ocasiones muy especiales, con la intervención de Dios, han podido ser oídos y vistos materialmente. La reacción de las personas al verlos u oírlos ha sido de asombro y de respeto. Por ejemplo, el profeta Daniel y Zacarías.
La misión de los ángeles es amar, servir y dar gloria a Dios, ser sus mensajeros, cuidar y ayudar a los hombres. Ellos están constantemente en la presencia de Dios, atentos a sus órdenes, orando, adorando, vigilando, cantando y alabando a Dios y pregonando sus perfecciones. Se puede decir que son mediadores, custodios, protectores y ministros de la justicia divina.
Los ángeles nos comunican mensajes del Señor importantes en determinadas circunstancias de la vida. En momentos de dificultad, se les puede pedir luz para tomar una decisión, para solucionar un problema, actuar acertadamente, descubrir la verdad; por ejemplo tenemos las apariciones a la Virgen María, San José y Zacarías. Todos ellos recibieron mensajes de los ángeles.
Los ángeles presentan nuestras oraciones al Señor y nos conducen a Él. Nos acompañan a lo largo de nuestra vida y nos conducirán, con toda bondad, cuando muramos, hasta el Trono de Dios para nuestro encuentro definitivo con Él. Éste será el último servicio que nos presten, pero el más importante, pues al morir no nos sentiremos solos.
Como ejemplo de ello, tenemos al arcángel Rafael cuando dice a Tobías: “Cuando ustedes oraban, yo presentaba sus oraciones al Señor” (Tob 12,12-16). Los ángeles nos animan a ser buenos.
Ellos ven continuamente el rostro de Dios, pero también ven el nuestro. Debemos tener presentes las inspiraciones de los ángeles para saber cómo obrar correctamente en todas las circunstancias de la vida. Como ejemplo de esto, tenemos el texto que nos dice: “Los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente” (Lc 15,10).
La misión de los ángeles es acompañar a cada hombre en el camino por la vida, cuidarlo en la tierra de los peligros de alma y cuerpo, protegerlo del mal y guiarlo en el difícil camino para llegar al Cielo. Se puede decir que es un compañero de viaje que siempre está al lado de cada hombre, en las buenas y en las malas. No se separa de él ni un solo momento. Está con él mientras trabaja, mientras descansa, cuando se divierte, cuando reza, cuando le pide ayuda y cuando no se la pide. No se aparta de él ni siquiera cuando pierde la gracia de Dios por el pecado. Le prestará auxilio para enfrentarse con mejor ánimo a las dificultades de la vida diaria y a las tentaciones que se presentan en la vida.
Para que la relación de la persona con el ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con él, llamarle, tratarlo como el amigo que es. Así podrá convertirse en un fiel y poderoso aliado nuestro. Debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues además de que él nos guía y nos protege, está muy cerca de Dios y le puede decir directamente lo que queremos o necesitamos. Recordemos que los ángeles no pueden conocer nuestros pensamientos y deseos íntimos si nosotros no se los hacemos saber de alguna manera, ya que sólo Dios conoce exactamente lo que hay dentro de nuestro corazón. Los ángeles sólo pueden conocer lo que queremos intuyéndolo por nuestras obras, palabras, gestos, etc.
También se les pueden pedir favores especiales a los ángeles de la guarda de otras personas para que las protejan de determinado peligro o las guíen en una situación difícil. Es muy fácil que nos olvidemos de la existencia de los ángeles por el ajetreo de la vida y principalmente porque no los vemos. Este olvido puede hacernos desaprovechar muchas gracias que Dios ha destinado para nosotros a través de los ángeles. Por esta razón, la Iglesia ha fijado estas dos festividades para que, al menos dos días del año, nos acordemos de los ángeles y los arcángeles, nos alegremos y agradezcamos a Dios el que nos haya asignado un ángel custodio y aprovechemos este día para pedir su ayuda.
Actualmente se habla mucho de los ángeles: se encuentran libros de todo tipo que tratan este tema; se venden “angelitos” de oro, plata o cuarzo; las personas se los cuelgan al cuello y comentan su importancia y sus nombres. Hay que tener cuidado al comprar estos materiales, pues muchas veces dan a los ángeles atribuciones que no le corresponden y los elevan a un lugar de semi-dioses, los convierten en “amuletos” que hacen caer en la idolatría, o crean confusiones entre las inspiraciones del Espíritu Santo y los consejos de los ángeles. Es verdad que los ángeles son muy importantes en la Iglesia y en la vida de todo católico, pero son criaturas de Dios, por lo que no se les puede igualar a Dios ni adorarlos como si fueran dioses. No son lo único que nos puede acercar a Dios ni podemos reducir toda la enseñanza de la Iglesia a éstos. No hay que olvidar los mandamientos de Dios, los mandamientos de la Iglesia, los sacramentos, la oración, y otros medios que nos ayudan a vivir cerca de Dios.
martes, 23 de septiembre de 2008
Conociendo la Familia

SANTA MARIA DOMINICA MAZZARELLO
La madre de las Hijas de María Auxiliadora
siempre dijo sí a Dios
9 de mayo de 1837 - 14 de mayo de 1881. Celebración: 13 de mayo
1860. En pleno verano, estalla el tifus por las colinas de Mornés. El año anterior, la segunda guerra de la independencia ya se llevó a algunos padres de familia. Ahora llega el tifus, que tiene su origen en uno de los pozos donde el agua se estanca y se pudre en el verano, sembrando el terror por aquella zona.
Igual que siempre que se esparce una enfermedad contagiosa, se vuelve a hablar de brujas y de mal de ojo. Microbios, higiene, desinfección... son palabras todavía desconocidas.
A las familias en las que entra el tifus, todos las abandonan. Las casas en las que están sanos, se atrancan.
Hay una familia, la de los Mazzarello, que es una de las primeras en ser castigada. Primero el varón, luego la mujer y finalmente todos los hijos. Al cabo de unos días el padre y el hijo mayor están en las últimas.
Don Pestarino, un sacerdote al que en Mornés llaman "curita" (un poco por pequeño y otro poco por simpático), va a ver a aquella gente y se da cuenta de que necesitan una persona que les ayude. Se marcha derecho a casa de unos parientes, Mazzarello ellos también, y llama a María. Es una muchacha fuerte. Tiene veintitrés años. Trabaja como un hombre y reza como un ángel.
En casa de tu tío hay dos que se mueren. ¿Te atreves a ir y echar una mano?
Una larga pausa. María tiene miedo, como todos. El "curita" la mira tranquilo y espera.
María murmura:
—Si mi padre me deja, voy.
Su padre es un cristiano hecho y derecho. María va a la casa afectada. El orden y la limpieza vuelven a reinar. Medicinas y alimentos calientes se sirven a sus horas.
Pero mientras los enfermos se levantan curados, el tifus se apodera de María Dominica, Su hermosa cara ovalada se reduce en pocos días a un triángulo de piel pálida y estirada. Llega el médico, mueve la cabeza. La muerte ronda por allí. Ordena otras medicinas. María, agotada, le dice:
—Gracias. Mas, por favor, no me obligue a tomar más píldoras. No necesito nada. Sólo que Dios venga por mí.
Pero todavía no había llegado su hora. Tiene que trabajar mucho en esta tierra, antes de que venga Dios a llevársela.
Confidencias con Petronila
Así, sin píldoras, María se encuentra de repente sin fiebre. Vuelven los colores naturales a sus mejillas. Los miembros, sí, quedan todavía torpes, débiles. Parece que la altísima fiebre ha roto algo de su robusto organismo.
¿Qué hará ahora? Más de un mozo querría hablar de matrimonio con ella. Nada le falta para convertirse en una hermosa esposa y estupenda mamá. Pero ella no quiere oír hablar de eso. Y se pregunta: "¿Qué haré en la vida?".
María Mazzarello está inscrita en la Pía Unión de las Hijas de María Santísima Inmaculada. La idea del grupo partió de la joven maestra del pueblo, Ángela Macagno. Por indicación de don Pestarino, ésta esbozó un esquema de reglamento, que fue enviado a un célebre párroco de Génova, don Frassinetti. En 1855, don Frassinetti compuso sobre aquel boceto el "Reglamento de la Pía Unión de María Inmaculada", que se difundió rápidamente y con inesperado éxito por toda Italia.
Don Pestarino funda la primera "Pía Unión" en Mornés el 9 de diciembre de 1855. Empieza con cinco muchachas. La más joven es María Mazzarello, de dieciocho años.
María tiene una amiga con la que no guarda ningún secreto. Se llama Petronila, y al igual que ella es Hija de la Inmaculada. Lleva el mismo apellido, Mazzarello. Un día de 1861, Maria le dice:
—Me he decidido a aprender el oficio de modista. Cuando lo sepa bien, abriré un tallercito y enseñaré a coser a las chicas pobres. ¿A ti te gustaría coser conmigo? Estaríamos juntas, viviríamos como en familia.
Pasa un año. María y Petronila montan un tallercito de costura en el extremo del pueblo. Unas diez niñas van a aprender a coser. Pero hay una novedad que lo va a cambiar todo.
Cuatro ojos asustados
Llega el invierno de 1863. Acaban de salir las niñas para sus casas, defendiéndose de la nieve con sus zuecos y sus grandes paraguas, cuando María y Petronila oyen llamar a la puerta. Aparece un vendedor ambulante que se ha quedado viudo con dos niñas. Pide que las alberguen día y noche, porque no puede tenerlas en su casa y arreglárselas él solo. Allí están las chiquillas, con sus cuatro ojos asustados. La mayor tiene ocho años, la pequeña seis. Petronila toma de la mano a la mayor, María levanta en brazos a la pequeña. Encienden una fogata en la chimenea.
De este modo, sin ningún "plan preestablecido", el taller de costura se transforma desde aquella noche en casita para niñas pobres. María y Petronila van a llamar a las puertas vecinas, y consiguen que les presten dos camitas y un poco de harina para hacer la polenta.
Apenas se corre la voz por Mornés de que las Mazzarello "toman en su casa niñas huérfanas", acuden muchos a llevar un haz de leña, un par de mantas, medio saco de harina. Pero llevan también otras niñas, que necesitan casa. Al poco tiempo ya tienen siete.
Antes de comenzar el trabajo en el taller, las niñas recitan el avemaría. Cuando suena la campana de la torre, María comenta: "Una hora menos en este mundo, una hora más cerca del Paraíso". Y quiere que sus costureras trabajen para el Señor: "Cada puntada, un acto de amor de Dios".
También los domingos quiere María "hacer el bien a todas las muchachas del pueblo". Nace de este modo una especie de oratorio. Durante los días de fiesta, las dos amigas recogen a las muchachas, las acompañan a la iglesia y las mantienen alegres con juegos y paseos.
Un "curita" que busca trabajo
Don Domingo Pestarino había nacido en Mornés, y a los veintidós años se había ordenado sacerdote en el seminario de Génova. Se quedó a trabajar en el seminario durante algunos años, pero a los treinta volvió a su pueblo para ayudar al anciano párroco. Se presentó a sus paisanos diciéndoles desde el púlpito: "Busco trabajo. No en vuestras viñas, sino aquí en la iglesia, en la viña del Señor. Me han ofrecido varios puestos, pero quiero quedarme entre vosotros, si me dais el trabajo que busco".
Se encontró con Don Bosco en un tren, mientras ambos viajaban de Acqui a Alessandria. Don
Bosco le invitó a que le visitase en el oratorio de Valdocco.
Entusiasmó al "curita" el ver tantos muchachos y tan alegres, en una escuela de trabajo y de fe. Y le dijo a Don Bosco: "Me quedo con usted". Don Bosco estuvo de acuerdo con él, en que se hiciese salesiano (de hecho, al año siguiente hacía don Pestarino la profesión religiosa), pero quiso que siguiera en Mornés, donde había cosas muy importantes que necesitaban de él. Desde entonces don Pestarino asistía a las reuniones de los directores salesianos.
En Mornés hay, entre tanto, una novedad. Otras dos Hijas de la Inmaculada piden a María y a Petronila "hacer lo mismo que ellas". Preguntan a don Pestarino, el cual responde: "¿Y por qué no? Para dos tenéis ya tanto quehacer que no acabáis nunca". Así se forma una especie de comunidad: las cuatro Hijas, como las llaman en el pueblo, enseñan a coser a las niñas y hacen de mamás de las siete chiquitas que viven día y noche en su compañía.
En 1864 llega Don Bosco a Mornés con sus muchachos, durante uno de los paseos otoñales. Ya es de noche. La gente, a la que se han anticipado el párroco don Valle y el sacerdote don Pestarino, está esperando. Suena la banda, muchos se arrodillan al paso de Don Bosco implorando su bendición. Los jóvenes y la gente entran en la iglesia, se da la bendición con el Santísimo, y todo el mundo a cenar.
Después, los muchachos de Don Bosco, animados por los aplausos, dan un breve concierto de marchas y música alegre. En primera fila está una muchacha de veintisiete años, María Mazzarello. Al acabar, Don Bosco dice unas palabras: "Todos estamos cansados, y mis muchachos tienen ganas de echarse un buen sueño. Mañana hablaremos más despacio".
Al día siguiente, durante la mañana, don Pestarino presenta a Don Bosco a las "Hijas de la Inmaculada". Entre ellas está María Mazzarello, Don Bosco queda impresionado de la bondad y de la laboriosidad de aquellas muchachas. Habla un rato con ellas, animándolas a ser constantes en la vida que han elegido y en la práctica de la virtud.
Don Bosco se queda en Mornés cinco días. María Mazzarello logra oír cada noche "las buenas noches" que da a sus jóvenes. Más de uno se lo reprocha como si hubiera en ello algo inconveniente. Y ella responde: "Don Bosco es un santo, y yo lo siento".
Al año siguiente, las Hijas de María Santísima Inmaculada se dividen en dos grupos. Las que deciden vivir en comunidad juntamente con María y Petronila, don Pestarino las hospeda en una casa mejor, junto a la parroquia. Se llaman Hijas de la Inmaculada. Las otras que, como Angelina Maccagno, prefieren permanecer con sus familias, se llaman Nuevas Ursulinas.
Un cuadernillo que se ha perdido
Los de Mornés están construyendo en el barrio de Borgo Alto un edificio para escuela de sus muchachos (pocas muchachas asisten en aquel tiempo a la escuela). Don Bosco ha prometido que, apenas esté acabado, les enviará a sus salesianos. Todo el pueblo colabora en los trabajos, con dinero y con prestaciones gratuitas.
1867. La capilla del colegio está acabada. Por diciembre va Don Bosco a celebrar en ella la primera misa. Invoca "las bendiciones del Señor a favor del colegio naciente y de todo el pueblo de Mornés". Se queda cuatro días allí, y da una conferencia especial al pequeño grupo de las Hijas de la Inmaculada.
Desde hace dos años, Don Bosco está pensando seriamente en fundar una familia de religiosas que haga con las muchachas el mismo bien que hacen los salesianos con los muchachos. En el 1869 se da prisa en la fundación de esta su "segunda familia". Ha puesto sus ojos en las sencillas "Hijas" de Mornés, y sin ningún ruido envía a María y a Petronila un cuadernillo "escrito de su puño y letra, que contiene un horario y un breve reglamento, para que inicien, juntamente con sus niñas, una vida más regular" (MBe X, 541). Aquel cuadernillo se perdió, pero sor Petronila recordaba que en él Don Bosco les daba consejos muy sencillos:
"Procurar vivir en la presencia de Dios. Sed dulces, pacientes y amables. Velar atentamente a las niñas, tenerlas ocupadas. Ayudadles a crecer a una vida sencilla de amistad con el Señor, franca y espontánea" (Mbe X, 542).
En 1870 Don Bosco va a pasar tres días en Mornés: para respirar un poco y, sobre todo, para observar de cerca el modo de vivir de las "Hijas". Quiere ver el efecto del "cuadernito". Queda plenamente satisfecho.
Nacen las FMA
La sigla FMA indica universalmente a las Hijas de Maria Auxiliadora. Corresponde a los términos italianos de origen: Figlie Maria Ausiliatrice.
Mayo de 1871. Don Bosco reúne el "Consejo" de la Congregación Salesiana: están Miguel Rúa, Juan Cagliero, Pablito Albera... Dice: "Son muchos los que me han aconsejado repetidamente que hagamos con las jovencitas el poco bien que, por la gracia de Dios, vamos haciendo con los jóvenes... Temo ir en contra de un designio de la Providencia si no tomo este asunto en una seria consideración, Por tanto, os lo propongo a vosotros".
En una segunda reunión, preguntados uno por uno, todos los "consejeros" dan el voto afirmativo. Entonces Don Bosco determina fundar las Hijas de María Auxiliadora. El núcleo fundamental de ellas será el grupo de muchachas que en Mornés, con María Mazzarello a la cabeza y bajo la dirección de don Pestarino, están ya viviendo en silencio una verdadera vida religiosa.
Felisa Mazzarello, hermana de María, recordaba así la vida de los primeros tiempos: "Le faltaba muchas veces a la pequeña comunidad el sustento necesario, le faltaba hasta la harina para la polenta, y cuando había harina faltaba la leña para cocinarla, Entonces, salía María al campo con algunas de las “Hijas” e iba a un bosque a hacer un haz de leña seca y, con ella al hombro, volvía a casa a preparar la comida. Cocida la polenta, la llevaba al patio, la ponía en el suelo, e invitaba a sus compañeras al opíparo banquete. No había platos ni cubiertos, pero sobraba apetito y alegría".
Después de haber decidido la fundación de las Hijas de María Auxiliadora, Don Bosco llamó a don Pestarino y se lo comunicó. La relación que don Pestarino escribió inmediatamente después del coloquio dice: "Don Bosco expuso el deseo de pensar en la educación cristiana de las niñas del pueblo, y declaró que Mornés era el lugar más a propósito que él conocía, ya que estando allí las Hijas de la Inmaculada se podían elegir las llamadas a hacer vida común y retirada del mundo, e iniciar el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, a favor de las niñas del pueblo".
Don Pestarino, obediente, acepto. Pero se quedó "pensativo y turbado" por dos dificultades. Aquellas muchachas eran excelentes cristianas, pero a ninguna se le había pasado por la cabeza la idea de hacerse religiosa. Además, Don Bosco quería destinar el colegio de Borgo Alto para sede inicial de las Hijas de María Auxiliadora. Pero el pueblo había colaborado en su construcción pensando que era un colegio para los muchachos. El cambio suscitaría grandes disgustos. Pero Don Bosco había decidido así...
La primera Superiora no acepta serlo
29 de enero de 1872. Por orden de Don Bosco, don Pestarino reúne a las primeras 27 Hijas de María Auxiliadora para la elección de su primera superiora. Veintiún votos recaen sobre Maria Mazzarello, la cual pasmada pide enseguida a las compañeras que la dispensen. Insisten las otras, y don Pestarino decide dejarlo todo a la voluntad de Don Bosco. Maria se siente aliviada: Don Bosco conoce su incapacidad y la dispensara. Por el contrario, Don Bosco sabe de cuánto es capaz ella, y la confirma en el cargo, con gran desolación suya.
Ahora hay que llevar a las Hijas al colegio de Borgo Alto. Pero, ¿cómo hacerlo sin despertar el malhumor del pueblo? Viene en su ayuda un suceso. La casa del párroco amenaza ruina. El Consejo municipal decide derribarla y reconstruirla. Ruega por tanto a don Pestarino que ponga a disposición del párroco la casa que posee junto a la iglesia.
—¿Y dónde pongo a las Hijas que enseñan a coser y hospedan a las niñas pobres?, objeta el "curita".
El Consejo piensa y sugiere:
—Mándelas al Borgo Alto. La planta baja ya está terminada y aún no
está ocupada por nadie.
Don Pestarino soltó un respiro de satisfacción: le ordenaban hacer lo que él no se atrevía a pedir. Las Hijas se trasladaron en carros, llevándose consigo hasta los gusanos de seda, una de sus pobrísimas entradas.
Por el momento, el traslado no despertó ninguna extrañeza. Mas, apenas corrió por el pueblo la voz de que las Hijas (cuyo número aumentaba rápidamente) ocuparían el colegio para siempre, dando así vida a un nuevo Instituto religioso, "se armó una protesta y un lamento general" (MBe X, 561).
Wirth escribe más explícitamente: "Los habitantes de Mornés alzaron voces de traición. Las Hijas de María Auxiliadora dieron los primeros pasos en un clima de incomprensión, casi de hostilidad. Lo cual se unía a la pobreza y las privaciones, que ya eran grandes".
Los ojos bajos, pero la cabeza no
5 de agosto de 1872. Las primeras 15 FMA reciben el hábito religioso. Once pronuncian también los primeros votos. Entre ellas está María Mazzarello. Don Bosco les dice: "Vosotras estáis tristes porque vuestros mismos parientes os vuelven las espaldas. No os duela ser maltratadas por el mundo. Solo así seréis capaces de hacer un gran bien. Comportaos como consagradas a Dios: los ojos bajos, pero no la cabeza" (MBe X, 563). El mensaje de Don Bosco a sus primeras hijas está clarísimo: los ojos hay que bajarlos ante la majestad de Dios, pero la cabeza se lleva alta ante la gente, y no debe estar inclinada como la de las siervas, sino alegre y satisfecha como la de las hijas de Dios.
Muchas hermanas empleaban como almohada un pedazo de madero envuelto, del mejor modo posible, con trapos. Todas las almohadas de la casa eran para las niñas. María Mazzarello no quería que las hermanas más jóvenes se mortificasen de ese modo, pero no podía gritar mucho porque ella era la primera que había escogido aquel sistema.
9 de febrero de 1876. En medio de la nevisca, parten las tres primeras hermanas. Van a Vallecrosia, en Liguria, para abrir un oratorio y una escuela para niñas.
29 de marzo. Otras siete hermanas parten para Turín. A 50 metros del Oratorio de Valdocco, abren un oratorio y una escuela femenina. Esta casa será después, por más de 40 años, la casa central dc las Hijas de María Auxiliadora.
1878. Las Hijas de María Auxiliadora son ya una familia numerosa, esparcida por todo el mundo. El centro de la Congregación se traslada, por orden de Don Bosco, de Mornés a Nizza Monferrato. Es un tirón doloroso para María Mazzarello. Se despide de su padre y de su madre, ya ancianos, da un adiós al cementerio, donde reposan don Pestarino y algunas de las primeras compañeras.
El hecho de ser la superiora general no hizo perder a María Mazzarello el sentido de la proporción. Siguió atendiendo a las niñas pequeñas en el dormitorio, con amor y delicadeza. Una chiquita, a quien los sabañones habían pegado pies, medias y zapatos, miró en derredor y creyendo que nadie la veía, se metió bajo las sábanas con zapatos y todo.
Madre Mazzarello advirtió la maniobra. No dijo nada. Bajó a la cocina en busca de una jofaina con agua tibia, gasa y algodón. Subió con todo ello junto a la cama de la niña y le dijo bajito:
—Vamos a ver esos piececitos. No tengas miedo, no te haré daño.
Con las flores de mayo llega la muerte
Enero de 1881. Las hermanas advierten que la salud de madre Mazzarello va declinando. Hay quien le dice que debe cuidarse un poco más, pero ella responde sonriendo:
—Es mejor para todos que me vaya. Así pondrán una superiora más intcligente que yo.
Viene el desplome mientras está acompañando a un grupo de misioneras que parten para América. Por un contratiempo le toca pasar la noche acurrucada en un rincón, vestida y temblando de fiebre. Por la mañana no puede ni siquiera ponerse en pie. "Pleuritis aguda", sentencia el médico. Cuarenta días de fiebre, lejos de su casa, atormentada con las famosas cataplasmas, única cura entonces conocida. Llega a Nizza, pálida y extenuada. La recibieron con una gran fiesta, que la conmovió. Dio las gracias con pocas palabras:
—En este mundo, pase lo que pase, no tenemos que alegrarnos ni entristecernos demasiado, Estamos en manos de Dios, que es nuestro padre, y hemos de estar siempre dispuestas a hacer su voluntad.
La caída llegó en la primavera. Tras los cristales de la ventana se veían las flores y la vegetación. Le gustaba oír el alboroto de las niñas que corrían y jugaban alegremente. Quiso hablar todavía una vez más con sus hermanas. Dijo:
—Quereos bien. Estad siempre unidas. Habéis dejado el mundo. No os fabriquéis otro aquí dentro. Pensad por qué entrasteis en la Congregación.
Estaba mal, pero no quiso entristecer a nadie hasta el fin. Más aún, hasta se esforzó por cantar. Dios vino a su encuentro al alba del 14 de mayo de 1881. Todavía logró murmurar: "Hasta volver a vernos en el cielo". Tenía cuarenta y cuatro años.
Bibliografía
MARIA P. GIUDICI, Una mujer de ayer y de hoy. EDB, Barcelona.
MARIA P GIUDICI, Madre y Maestra. EDB, Barcelona.
DOMENICO AGASSO, María Mazzarello, el mandamiento de la alegría Editorial CCS, Madrid.
Tomado del libro: "Familia Salesiana, Familia de Santos".
Escrito por Teresio Bosco S.D.B.
Editorial CCS. España
La madre de las Hijas de María Auxiliadora
siempre dijo sí a Dios
9 de mayo de 1837 - 14 de mayo de 1881. Celebración: 13 de mayo
1860. En pleno verano, estalla el tifus por las colinas de Mornés. El año anterior, la segunda guerra de la independencia ya se llevó a algunos padres de familia. Ahora llega el tifus, que tiene su origen en uno de los pozos donde el agua se estanca y se pudre en el verano, sembrando el terror por aquella zona.
Igual que siempre que se esparce una enfermedad contagiosa, se vuelve a hablar de brujas y de mal de ojo. Microbios, higiene, desinfección... son palabras todavía desconocidas.
A las familias en las que entra el tifus, todos las abandonan. Las casas en las que están sanos, se atrancan.
Hay una familia, la de los Mazzarello, que es una de las primeras en ser castigada. Primero el varón, luego la mujer y finalmente todos los hijos. Al cabo de unos días el padre y el hijo mayor están en las últimas.
Don Pestarino, un sacerdote al que en Mornés llaman "curita" (un poco por pequeño y otro poco por simpático), va a ver a aquella gente y se da cuenta de que necesitan una persona que les ayude. Se marcha derecho a casa de unos parientes, Mazzarello ellos también, y llama a María. Es una muchacha fuerte. Tiene veintitrés años. Trabaja como un hombre y reza como un ángel.
En casa de tu tío hay dos que se mueren. ¿Te atreves a ir y echar una mano?
Una larga pausa. María tiene miedo, como todos. El "curita" la mira tranquilo y espera.
María murmura:
—Si mi padre me deja, voy.
Su padre es un cristiano hecho y derecho. María va a la casa afectada. El orden y la limpieza vuelven a reinar. Medicinas y alimentos calientes se sirven a sus horas.
Pero mientras los enfermos se levantan curados, el tifus se apodera de María Dominica, Su hermosa cara ovalada se reduce en pocos días a un triángulo de piel pálida y estirada. Llega el médico, mueve la cabeza. La muerte ronda por allí. Ordena otras medicinas. María, agotada, le dice:
—Gracias. Mas, por favor, no me obligue a tomar más píldoras. No necesito nada. Sólo que Dios venga por mí.
Pero todavía no había llegado su hora. Tiene que trabajar mucho en esta tierra, antes de que venga Dios a llevársela.
Confidencias con Petronila
Así, sin píldoras, María se encuentra de repente sin fiebre. Vuelven los colores naturales a sus mejillas. Los miembros, sí, quedan todavía torpes, débiles. Parece que la altísima fiebre ha roto algo de su robusto organismo.
¿Qué hará ahora? Más de un mozo querría hablar de matrimonio con ella. Nada le falta para convertirse en una hermosa esposa y estupenda mamá. Pero ella no quiere oír hablar de eso. Y se pregunta: "¿Qué haré en la vida?".
María Mazzarello está inscrita en la Pía Unión de las Hijas de María Santísima Inmaculada. La idea del grupo partió de la joven maestra del pueblo, Ángela Macagno. Por indicación de don Pestarino, ésta esbozó un esquema de reglamento, que fue enviado a un célebre párroco de Génova, don Frassinetti. En 1855, don Frassinetti compuso sobre aquel boceto el "Reglamento de la Pía Unión de María Inmaculada", que se difundió rápidamente y con inesperado éxito por toda Italia.
Don Pestarino funda la primera "Pía Unión" en Mornés el 9 de diciembre de 1855. Empieza con cinco muchachas. La más joven es María Mazzarello, de dieciocho años.
María tiene una amiga con la que no guarda ningún secreto. Se llama Petronila, y al igual que ella es Hija de la Inmaculada. Lleva el mismo apellido, Mazzarello. Un día de 1861, Maria le dice:
—Me he decidido a aprender el oficio de modista. Cuando lo sepa bien, abriré un tallercito y enseñaré a coser a las chicas pobres. ¿A ti te gustaría coser conmigo? Estaríamos juntas, viviríamos como en familia.
Pasa un año. María y Petronila montan un tallercito de costura en el extremo del pueblo. Unas diez niñas van a aprender a coser. Pero hay una novedad que lo va a cambiar todo.
Cuatro ojos asustados
Llega el invierno de 1863. Acaban de salir las niñas para sus casas, defendiéndose de la nieve con sus zuecos y sus grandes paraguas, cuando María y Petronila oyen llamar a la puerta. Aparece un vendedor ambulante que se ha quedado viudo con dos niñas. Pide que las alberguen día y noche, porque no puede tenerlas en su casa y arreglárselas él solo. Allí están las chiquillas, con sus cuatro ojos asustados. La mayor tiene ocho años, la pequeña seis. Petronila toma de la mano a la mayor, María levanta en brazos a la pequeña. Encienden una fogata en la chimenea.
De este modo, sin ningún "plan preestablecido", el taller de costura se transforma desde aquella noche en casita para niñas pobres. María y Petronila van a llamar a las puertas vecinas, y consiguen que les presten dos camitas y un poco de harina para hacer la polenta.
Apenas se corre la voz por Mornés de que las Mazzarello "toman en su casa niñas huérfanas", acuden muchos a llevar un haz de leña, un par de mantas, medio saco de harina. Pero llevan también otras niñas, que necesitan casa. Al poco tiempo ya tienen siete.
Antes de comenzar el trabajo en el taller, las niñas recitan el avemaría. Cuando suena la campana de la torre, María comenta: "Una hora menos en este mundo, una hora más cerca del Paraíso". Y quiere que sus costureras trabajen para el Señor: "Cada puntada, un acto de amor de Dios".
También los domingos quiere María "hacer el bien a todas las muchachas del pueblo". Nace de este modo una especie de oratorio. Durante los días de fiesta, las dos amigas recogen a las muchachas, las acompañan a la iglesia y las mantienen alegres con juegos y paseos.
Un "curita" que busca trabajo
Don Domingo Pestarino había nacido en Mornés, y a los veintidós años se había ordenado sacerdote en el seminario de Génova. Se quedó a trabajar en el seminario durante algunos años, pero a los treinta volvió a su pueblo para ayudar al anciano párroco. Se presentó a sus paisanos diciéndoles desde el púlpito: "Busco trabajo. No en vuestras viñas, sino aquí en la iglesia, en la viña del Señor. Me han ofrecido varios puestos, pero quiero quedarme entre vosotros, si me dais el trabajo que busco".
Se encontró con Don Bosco en un tren, mientras ambos viajaban de Acqui a Alessandria. Don

Entusiasmó al "curita" el ver tantos muchachos y tan alegres, en una escuela de trabajo y de fe. Y le dijo a Don Bosco: "Me quedo con usted". Don Bosco estuvo de acuerdo con él, en que se hiciese salesiano (de hecho, al año siguiente hacía don Pestarino la profesión religiosa), pero quiso que siguiera en Mornés, donde había cosas muy importantes que necesitaban de él. Desde entonces don Pestarino asistía a las reuniones de los directores salesianos.
En Mornés hay, entre tanto, una novedad. Otras dos Hijas de la Inmaculada piden a María y a Petronila "hacer lo mismo que ellas". Preguntan a don Pestarino, el cual responde: "¿Y por qué no? Para dos tenéis ya tanto quehacer que no acabáis nunca". Así se forma una especie de comunidad: las cuatro Hijas, como las llaman en el pueblo, enseñan a coser a las niñas y hacen de mamás de las siete chiquitas que viven día y noche en su compañía.
En 1864 llega Don Bosco a Mornés con sus muchachos, durante uno de los paseos otoñales. Ya es de noche. La gente, a la que se han anticipado el párroco don Valle y el sacerdote don Pestarino, está esperando. Suena la banda, muchos se arrodillan al paso de Don Bosco implorando su bendición. Los jóvenes y la gente entran en la iglesia, se da la bendición con el Santísimo, y todo el mundo a cenar.
Después, los muchachos de Don Bosco, animados por los aplausos, dan un breve concierto de marchas y música alegre. En primera fila está una muchacha de veintisiete años, María Mazzarello. Al acabar, Don Bosco dice unas palabras: "Todos estamos cansados, y mis muchachos tienen ganas de echarse un buen sueño. Mañana hablaremos más despacio".
Al día siguiente, durante la mañana, don Pestarino presenta a Don Bosco a las "Hijas de la Inmaculada". Entre ellas está María Mazzarello, Don Bosco queda impresionado de la bondad y de la laboriosidad de aquellas muchachas. Habla un rato con ellas, animándolas a ser constantes en la vida que han elegido y en la práctica de la virtud.
Don Bosco se queda en Mornés cinco días. María Mazzarello logra oír cada noche "las buenas noches" que da a sus jóvenes. Más de uno se lo reprocha como si hubiera en ello algo inconveniente. Y ella responde: "Don Bosco es un santo, y yo lo siento".
Al año siguiente, las Hijas de María Santísima Inmaculada se dividen en dos grupos. Las que deciden vivir en comunidad juntamente con María y Petronila, don Pestarino las hospeda en una casa mejor, junto a la parroquia. Se llaman Hijas de la Inmaculada. Las otras que, como Angelina Maccagno, prefieren permanecer con sus familias, se llaman Nuevas Ursulinas.
Un cuadernillo que se ha perdido
Los de Mornés están construyendo en el barrio de Borgo Alto un edificio para escuela de sus muchachos (pocas muchachas asisten en aquel tiempo a la escuela). Don Bosco ha prometido que, apenas esté acabado, les enviará a sus salesianos. Todo el pueblo colabora en los trabajos, con dinero y con prestaciones gratuitas.
1867. La capilla del colegio está acabada. Por diciembre va Don Bosco a celebrar en ella la primera misa. Invoca "las bendiciones del Señor a favor del colegio naciente y de todo el pueblo de Mornés". Se queda cuatro días allí, y da una conferencia especial al pequeño grupo de las Hijas de la Inmaculada.
Desde hace dos años, Don Bosco está pensando seriamente en fundar una familia de religiosas que haga con las muchachas el mismo bien que hacen los salesianos con los muchachos. En el 1869 se da prisa en la fundación de esta su "segunda familia". Ha puesto sus ojos en las sencillas "Hijas" de Mornés, y sin ningún ruido envía a María y a Petronila un cuadernillo "escrito de su puño y letra, que contiene un horario y un breve reglamento, para que inicien, juntamente con sus niñas, una vida más regular" (MBe X, 541). Aquel cuadernillo se perdió, pero sor Petronila recordaba que en él Don Bosco les daba consejos muy sencillos:
"Procurar vivir en la presencia de Dios. Sed dulces, pacientes y amables. Velar atentamente a las niñas, tenerlas ocupadas. Ayudadles a crecer a una vida sencilla de amistad con el Señor, franca y espontánea" (Mbe X, 542).
En 1870 Don Bosco va a pasar tres días en Mornés: para respirar un poco y, sobre todo, para observar de cerca el modo de vivir de las "Hijas". Quiere ver el efecto del "cuadernito". Queda plenamente satisfecho.
Nacen las FMA
La sigla FMA indica universalmente a las Hijas de Maria Auxiliadora. Corresponde a los términos italianos de origen: Figlie Maria Ausiliatrice.
Mayo de 1871. Don Bosco reúne el "Consejo" de la Congregación Salesiana: están Miguel Rúa, Juan Cagliero, Pablito Albera... Dice: "Son muchos los que me han aconsejado repetidamente que hagamos con las jovencitas el poco bien que, por la gracia de Dios, vamos haciendo con los jóvenes... Temo ir en contra de un designio de la Providencia si no tomo este asunto en una seria consideración, Por tanto, os lo propongo a vosotros".
En una segunda reunión, preguntados uno por uno, todos los "consejeros" dan el voto afirmativo. Entonces Don Bosco determina fundar las Hijas de María Auxiliadora. El núcleo fundamental de ellas será el grupo de muchachas que en Mornés, con María Mazzarello a la cabeza y bajo la dirección de don Pestarino, están ya viviendo en silencio una verdadera vida religiosa.
Felisa Mazzarello, hermana de María, recordaba así la vida de los primeros tiempos: "Le faltaba muchas veces a la pequeña comunidad el sustento necesario, le faltaba hasta la harina para la polenta, y cuando había harina faltaba la leña para cocinarla, Entonces, salía María al campo con algunas de las “Hijas” e iba a un bosque a hacer un haz de leña seca y, con ella al hombro, volvía a casa a preparar la comida. Cocida la polenta, la llevaba al patio, la ponía en el suelo, e invitaba a sus compañeras al opíparo banquete. No había platos ni cubiertos, pero sobraba apetito y alegría".
Después de haber decidido la fundación de las Hijas de María Auxiliadora, Don Bosco llamó a don Pestarino y se lo comunicó. La relación que don Pestarino escribió inmediatamente después del coloquio dice: "Don Bosco expuso el deseo de pensar en la educación cristiana de las niñas del pueblo, y declaró que Mornés era el lugar más a propósito que él conocía, ya que estando allí las Hijas de la Inmaculada se podían elegir las llamadas a hacer vida común y retirada del mundo, e iniciar el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, a favor de las niñas del pueblo".
Don Pestarino, obediente, acepto. Pero se quedó "pensativo y turbado" por dos dificultades. Aquellas muchachas eran excelentes cristianas, pero a ninguna se le había pasado por la cabeza la idea de hacerse religiosa. Además, Don Bosco quería destinar el colegio de Borgo Alto para sede inicial de las Hijas de María Auxiliadora. Pero el pueblo había colaborado en su construcción pensando que era un colegio para los muchachos. El cambio suscitaría grandes disgustos. Pero Don Bosco había decidido así...
La primera Superiora no acepta serlo
29 de enero de 1872. Por orden de Don Bosco, don Pestarino reúne a las primeras 27 Hijas de María Auxiliadora para la elección de su primera superiora. Veintiún votos recaen sobre Maria Mazzarello, la cual pasmada pide enseguida a las compañeras que la dispensen. Insisten las otras, y don Pestarino decide dejarlo todo a la voluntad de Don Bosco. Maria se siente aliviada: Don Bosco conoce su incapacidad y la dispensara. Por el contrario, Don Bosco sabe de cuánto es capaz ella, y la confirma en el cargo, con gran desolación suya.
Ahora hay que llevar a las Hijas al colegio de Borgo Alto. Pero, ¿cómo hacerlo sin despertar el malhumor del pueblo? Viene en su ayuda un suceso. La casa del párroco amenaza ruina. El Consejo municipal decide derribarla y reconstruirla. Ruega por tanto a don Pestarino que ponga a disposición del párroco la casa que posee junto a la iglesia.
—¿Y dónde pongo a las Hijas que enseñan a coser y hospedan a las niñas pobres?, objeta el "curita".
El Consejo piensa y sugiere:
—Mándelas al Borgo Alto. La planta baja ya está terminada y aún no
está ocupada por nadie.
Don Pestarino soltó un respiro de satisfacción: le ordenaban hacer lo que él no se atrevía a pedir. Las Hijas se trasladaron en carros, llevándose consigo hasta los gusanos de seda, una de sus pobrísimas entradas.
Por el momento, el traslado no despertó ninguna extrañeza. Mas, apenas corrió por el pueblo la voz de que las Hijas (cuyo número aumentaba rápidamente) ocuparían el colegio para siempre, dando así vida a un nuevo Instituto religioso, "se armó una protesta y un lamento general" (MBe X, 561).
Wirth escribe más explícitamente: "Los habitantes de Mornés alzaron voces de traición. Las Hijas de María Auxiliadora dieron los primeros pasos en un clima de incomprensión, casi de hostilidad. Lo cual se unía a la pobreza y las privaciones, que ya eran grandes".
Los ojos bajos, pero la cabeza no
5 de agosto de 1872. Las primeras 15 FMA reciben el hábito religioso. Once pronuncian también los primeros votos. Entre ellas está María Mazzarello. Don Bosco les dice: "Vosotras estáis tristes porque vuestros mismos parientes os vuelven las espaldas. No os duela ser maltratadas por el mundo. Solo así seréis capaces de hacer un gran bien. Comportaos como consagradas a Dios: los ojos bajos, pero no la cabeza" (MBe X, 563). El mensaje de Don Bosco a sus primeras hijas está clarísimo: los ojos hay que bajarlos ante la majestad de Dios, pero la cabeza se lleva alta ante la gente, y no debe estar inclinada como la de las siervas, sino alegre y satisfecha como la de las hijas de Dios.
Muchas hermanas empleaban como almohada un pedazo de madero envuelto, del mejor modo posible, con trapos. Todas las almohadas de la casa eran para las niñas. María Mazzarello no quería que las hermanas más jóvenes se mortificasen de ese modo, pero no podía gritar mucho porque ella era la primera que había escogido aquel sistema.
9 de febrero de 1876. En medio de la nevisca, parten las tres primeras hermanas. Van a Vallecrosia, en Liguria, para abrir un oratorio y una escuela para niñas.
29 de marzo. Otras siete hermanas parten para Turín. A 50 metros del Oratorio de Valdocco, abren un oratorio y una escuela femenina. Esta casa será después, por más de 40 años, la casa central dc las Hijas de María Auxiliadora.
1878. Las Hijas de María Auxiliadora son ya una familia numerosa, esparcida por todo el mundo. El centro de la Congregación se traslada, por orden de Don Bosco, de Mornés a Nizza Monferrato. Es un tirón doloroso para María Mazzarello. Se despide de su padre y de su madre, ya ancianos, da un adiós al cementerio, donde reposan don Pestarino y algunas de las primeras compañeras.
El hecho de ser la superiora general no hizo perder a María Mazzarello el sentido de la proporción. Siguió atendiendo a las niñas pequeñas en el dormitorio, con amor y delicadeza. Una chiquita, a quien los sabañones habían pegado pies, medias y zapatos, miró en derredor y creyendo que nadie la veía, se metió bajo las sábanas con zapatos y todo.
Madre Mazzarello advirtió la maniobra. No dijo nada. Bajó a la cocina en busca de una jofaina con agua tibia, gasa y algodón. Subió con todo ello junto a la cama de la niña y le dijo bajito:
—Vamos a ver esos piececitos. No tengas miedo, no te haré daño.
Con las flores de mayo llega la muerte
Enero de 1881. Las hermanas advierten que la salud de madre Mazzarello va declinando. Hay quien le dice que debe cuidarse un poco más, pero ella responde sonriendo:
—Es mejor para todos que me vaya. Así pondrán una superiora más intcligente que yo.
Viene el desplome mientras está acompañando a un grupo de misioneras que parten para América. Por un contratiempo le toca pasar la noche acurrucada en un rincón, vestida y temblando de fiebre. Por la mañana no puede ni siquiera ponerse en pie. "Pleuritis aguda", sentencia el médico. Cuarenta días de fiebre, lejos de su casa, atormentada con las famosas cataplasmas, única cura entonces conocida. Llega a Nizza, pálida y extenuada. La recibieron con una gran fiesta, que la conmovió. Dio las gracias con pocas palabras:
—En este mundo, pase lo que pase, no tenemos que alegrarnos ni entristecernos demasiado, Estamos en manos de Dios, que es nuestro padre, y hemos de estar siempre dispuestas a hacer su voluntad.
La caída llegó en la primavera. Tras los cristales de la ventana se veían las flores y la vegetación. Le gustaba oír el alboroto de las niñas que corrían y jugaban alegremente. Quiso hablar todavía una vez más con sus hermanas. Dijo:
—Quereos bien. Estad siempre unidas. Habéis dejado el mundo. No os fabriquéis otro aquí dentro. Pensad por qué entrasteis en la Congregación.
Estaba mal, pero no quiso entristecer a nadie hasta el fin. Más aún, hasta se esforzó por cantar. Dios vino a su encuentro al alba del 14 de mayo de 1881. Todavía logró murmurar: "Hasta volver a vernos en el cielo". Tenía cuarenta y cuatro años.
Bibliografía
MARIA P. GIUDICI, Una mujer de ayer y de hoy. EDB, Barcelona.
MARIA P GIUDICI, Madre y Maestra. EDB, Barcelona.
DOMENICO AGASSO, María Mazzarello, el mandamiento de la alegría Editorial CCS, Madrid.
Tomado del libro: "Familia Salesiana, Familia de Santos".
Escrito por Teresio Bosco S.D.B.
Editorial CCS. España
jueves, 18 de septiembre de 2008
ESPIRITUALIDAD

Esto que soy, eso te doy (E. Meana)
La canción que te invito a que recorramos juntos es:
ESTO QUE SOY, ESO TE DOY
A veces te pregunto “¿por qué yo?” y sólo me respondes “porque quiero”.Es un misterio grande que nos llames así, tal como somos, a tu encuentro.Entonces redescubro una verdad: mi vida, nuestra vida es un tesoro.Se trata entonces sólo de ofrecerte con todo nuestro amor, esto que somos.
¿QUÉ TE DARÉ?, ¿QUÉ TE DAREMOS?,¡SI TODO, TODO, ES TU REGALO!TE OFRECERÉ, TE OFRECEREMOSESTO QUE SOMOS...ESTO QUE SOY, ¡ESO TE DOY!
Esto que soy, eso es lo que te doy. Esto que somos es lo que te damos.Tú no desprecias nuestra vida humilde, se trata de poner todo en tus manos.Aquí van mis trabajos y mi fe, mis mates, mis bajones y mis sueños;y todas las personas que me diste desde mi corazón te las ofrezco.
Vi tanta gente un domingo de sol. Me conmovió el latir de tantas vidas...y adiviné tu abrazo gigantesco y sé que sus historias recibías.Por eso tu altar luce vino y pan: son signo y homenaje de la vida.Misterio de ofrecerte y recibirnos, humanidad que Cristo diviniza.
Primera semilla: “¡Ya sé cómo sos!”Imaginate Tierra del Fuego en invierno, en un campo helado, frente al mar.Allí empezó a nacer esta canción... Yo era Padre director de una escuela agrícola, con muchos alumnos adolescentes de muy lejos, que por eso estudiaban y a la vez vivían allí.Cada anochecer, tras la Misa en comunidad, caminaba sobre el hielo crujiente o la nieve fresca, y en ese bajocero cortante dejaba que fluyera, crudo, el rezo en voz alta.Le ponía palabras a lo que el día había traído sobre mis espaldas de joven director. El peso de lo mío, el peso de los demás... sobre todo el de los jóvenes allí residentes.Procuraba en mi trabajo cotidiano dar ese “plus” de amor que la situación exigía, pero... a veces sentía mi servicio insuficiente, y a la vez agotador.Por darte un ejemplo, antes de dormir pasaba saludándolos, uno por uno, pensando en sus familias lejanas y extrañadas; pero... sentía que “yo no daba la talla” ante tanta necesidad de consejo y acompañamiento.Hasta que una vez en que me dolían mis impotencias, ahí en la noche escarchada le pedí explicaciones a Dios: “¿Por qué yo, que soy tan limitado? ¿Por qué me ponés como Padre, si estos pibes, y la Escuela, y estos hermanos, necesitan a alguien más maduro, más sólido, más Padre?”.Y emergió un eco grave: “Ya sé como sos... Estás ahí porque yo quiero: Da lo que sos”.
Creo que ese día marcó un antes y después en mi espiritualidad.En mi relación interior conmigo mismo, con Dios, con todos.Súbitamente vi que yo creía que había que ser “perfecto”, intachable, siempre 10 puntos en todo. Vi que en mi formación se coló un perfeccionismo disfrazado de cristianismo. Una mentalidad de “¡a Dios lo mejor!”... Pero entonces, ¿qué hago con lo peor? ¿Qué hago con lo peor de mí, con mis sombras, con mi pecado, con mis límites?Esa noche, bramante el mar cercano, supe que a Dios hay que darle todo. Todo.No lo que uno “quisiera ser” sino lo que uno “es”.No a mi yo perfecto, que sólo existe en mi imaginación. Sino a mí mismo, completo, integral. No mi yo desde un moralismo que exalte lo “bueno”... y barra bajo alguna alfombra lo “malo”; sino a mi yo total, mi yo-ante-Dios, mi “mismidad” fluyente, mi yo “existencial”.
Eso quiero compartirte: el relato y la propuesta de un paso hacia una fe más curtida y real y “pascual”.Una fe siempre joven, más allá de esa fe adolescente –por lo “egocentrada” – a veces tan ingenuamente borracha de blanconegros e idealizaciones.Dios te ama. A vos. No ama una imagen perfecta e intemporal de vos, sino a vos.No abraza a un abstracto ideal intachable de hijo, sino al concreto hijo perdido y rescatado.El problema es que nosotros no amamos nuestra realidad: en nuestro perfeccionismo se encubre nuestra soberbia... nos encantaría ser perfectos, y nos creemos que Dios avala esa búsqueda de pedestal.Y por eso (nos) mentimos bastante.Pero cuando te amás como Dios te ama -con ese realismo misericordioso con que Dios pone su Reino en manos de hombres limitados-, empezás a reconciliarte, y a curarte, y a descubrir tus límites como lugares donde dejarte abrazar por Dios... y por los demás.Y te agotás menos y rendís más: porque tu “yo perfeccionista” sólo está satisfecho con lo que te sale perfecto, y colapsa ante cualquier fracaso real o imaginario; en cambio tu yo “esto que soy, eso te doy”, da con sencillez lo que puede, y acepta con más humor lo que no puede.Y en el borde de tus límites te asombrás de un Dios que actúa –pues ya perdida tu omnipotencia activista, le reconociste su espacio.Y empezás a ver la historia, la tuya y la nuestra, como limitado pero santo lugar de despliegue de ese Reino que crece en y desde los ritmos de lo humano, tan pequeño, tan sagrado. Lo que sos-das, es tal lugar.
¿Será por eso que esta canción ha llegado a muchos corazones?¿Será que muchos jóvenes –de cualquier edad– necesitamos ofrecer a Dios no sólo el ideal que buscamos sino sobre todo la realidad que somos?¿Será que muchos necesitan ofrecerle a Dios lo que son, desde una mayor aceptación de sí mismo?(Serena “aceptación” como base de la salud psicológica, correlativa a la luminosa “humildad” como base de la entrega heroica que llamamos santidad).La sustancia de las dos primeras estrofas y del estribillo nacieron así; aunque esas intuiciones aún tardarían años en plasmarse como canción. (Es que aún faltaban cosas por descubrir y nombrar).En una próxima entrega te haré llegar las “semillas” que aportan las restantes estrofas de esta canción.
¡Un abrazo!P. Eduardo Meana, SDB
lunes, 8 de septiembre de 2008
El joven y el paracaídas

Entonces, la lancha inicia su recorrido mar adentro, con el turista sujeto al paracaídas con un arnés. Este corre con el paracaídas en la playa por unos instantes, hasta el momento en que el turista despega los pies del suelo, el paracaídas se eleva hasta el cielo y la persona junto con él.
Imagínate, el joven no sabía nadar y tenía las siguientes preguntas en su cabeza:
¿Qué pasará si la lancha me arrastra mar adentro, antes de que me eleve el paracaídas?
¿Qué tal si una vez en el cielo, me caigo de semejante altura?
A pesar del miedo, decidió actuar y confiar en la incertidumbre. Sabía que era una experiencia nueva y era natural tener miedo. Pero también sabía que la vida es eso, experiencias nuevas y que tenía que estar abierto ante la vida.
Se puso el arnés. Escuchó con nerviosismo las últimas indicaciones del instructor. “Ruuuuuum” se escuchó el sonido del motor de la lancha que iniciaba su recorrido al mar. El joven comenzó a caminar al principio y después a correr a medida que la velocidad aumentaba.
Y llegó el momento en que tuvo que pegar un salto para evitar caer al mar “¡Guuuuuaaaaaauuuuuu!” no lo podía creer, el paracaídas se elevó y en cuestión de segundos, estaba a muchos metros encima, viendo el mar y los hoteles de la ciudad, como si fueran casas de juguete. Y sintió paz.
“Qué emocionante, nunca me hubiera imaginado que sería tan fácil y divertido” y disfrutó de la hermosa vista desde el cielo.
¿Qué podemos aprender de este joven? Es natural tener miedo ante lo desconocido. La imaginación crea mil y un fantasmas pero son eso. Fantasmas. No existen en realidad y son auto-creados.
Mi pregunta es: ¿Cuántos de nosotros evitamos tener experiencias nuevas por temor a lo desconocido?
Aún más fuerte: ¿Cuántos miedos imaginarios has acumulado durante tu vida, que te han evitado experimentar cosas nuevas y ser feliz?
“Muchos sinsabores he tenido en la vida, la mayoría de los cuales nunca me han ocurrido”. Exacto. Si analizas tu vida a la luz del pasado, descubrirás que lo que más temes nunca pasó y cuando sucedió, resultó ser una experiencia única y placentera.
Te invito a que busques dentro de ti, aquello que has evitado hacer por mucho tiempo, por culpa de esos fantasmas imaginarios y lo hagas.
¿Y quién sabe? Quizás disfrutes de una hermosa vista del cielo, como el joven de la playa.
Carta de San Pablo a los jovenes

Al partir en uno de mis tantos viajes, he decidido escribirles estas líneas.Día y noche los recuerdo en mis oraciones, siento un gran deseo de verlos y llenarme de alegría.
Mientras nos encontramos, dedíquense a buscar a Dios en la Palabra, a predicar la Buena Noticia y a enseñar lo que van aprendiendo, en sus parroquias, en sus movimientos, de sus familias, de sus amigos.
Dios por intermedio de Jesús, nos salvó y nos llama a ser santos.No dejen que los critiquen por ser jóvenes, mas bien, traten de ser modelo de creyentes, por su manera de hablar, su conducta, su caridad, su fe y su pureza de vida.

El mundo los necesita!!!!
Cristo los llama a ser sus discípulos y misioneros, en los lugares en donde estén: con sus familias, en la facultad, en el colegio, en el trabajo, entre sus amigos.Entréguense al Resucitado y remen mar adentro.
El Señor sea con Ustedes. La gracia sea con Ustedes.
Pablo"
(Inspirada en las cartas a Timoteo)
sábado, 6 de septiembre de 2008
martes, 2 de septiembre de 2008
Dejarnos amar por Dios

Podemos darle a Dios una alegría inmensa si nos dejamos amar por Él, si ponemos nuestra vida en sus manos. Parece fácil, pero nos cuesta vivir así. Porque muchas veces preferimos nuestros planes, gustos, proyectos, deseos, y no somos capaces de descubrir que Dios nos prepara algo mucho más hermoso. También cuando nos quita algo que “bueno” para ofrecernos algo mucho mejor. Un accidente nos puede privar de la salud, pero no nos aparta de Dios si tenemos un corazón atento, esponjoso, disponible. Incluso nos puede hacer más sensibles a las necesidades de los demás, y abrirnos los ojos para recordar que esta vida es sólo un tiempo de paso. Un fracaso nos puede llenar de tristeza, al recordar la cercanía de Dios el corazón recibe un consuelo profundo: tenemos un Padre que nos espera, un día, en casa. El rechazo de un “amigo” se nos clava en el alma, pero sabemos que la amistad de Dios es constante y nos alienta en los momentos más difíciles de la vida. La muerte de un familiar o de un amigo deja vacíos profundos, pero la confianza en Dios nos permite saber que nadie muere sin el permiso divino, y que existe un juicio en el que la misericordia salvará a quienes se dejaron amar por el Amor. Todos necesitamos ser amados. No podemos vivir sin amor, como recordaba con frecuencia Juan Pablo II. Si abrimos el alma y nos dejamos tocar por ese Dios cercano, amigo, enamorado del hombre y lleno de bondad misericordiosa, nuestra vida será mucho más hermosa y más buena. Sí: es posible dejarnos amar por Dios, dejarle dirigir, mansamente, el camino de nuestras vidas. Entraremos entonces en un mundo maravilloso. Los pequeños o grandes malos ratos serán curados por el bálsamo más hermoso: el que recibimos desde la caricia eterna de nuestro Padre de los cielos.
Extraido de http://es.catholic.net/
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