martes, 30 de diciembre de 2008

¿Qué deseo en un año nuevo?

La pregunta me deja un poco inquieto. Porque sé que el “año nuevo” es simplemente una hoja de calendario, un cambio en los números, una simple tradición humana. Porque el tiempo escapa a nuestro control, y fluye sin cesar. Pero casi todos, al llegar el año nuevo, damos una mirada al año que termina y soñamos en el año que comienza. Lo pasado queda allí: fijo, inmodificable, casi pétreo. Con sus momentos buenos y sus fracasos, con sus sueños realizados y con los sueños que se evaporaron en el vacío, con las ayudas que me ofrecieron y con las ayudas que pude ofrecer a otros, con mis omisiones y mis cobardías.
Lo futuro inicia, como inició ayer, como inició hace un mes, como iniciará mañana. Cada instante se presenta como una oportunidad que en parte depende de mi prudencia y de mis decisiones. En otra buena parte, depende de las decisiones de otros. En los dos casos, y aunque no siempre nos demos cuenta, depende de Dios.
De nuevo, ¿qué deseo en un año nuevo? Desearía la paz en Tierra Santa. Para que nadie privase a nadie de su tierra, de su casa, de su familia. Para que las religiones fueran vividas como lo que son: un camino para unir a los hombres bajo la luz de Dios. Para que la tierra donde vivió, murió y resucitó Cristo testimoniase con un estilo de vida nuevo la gran belleza del Evangelio.
Luego, desearía la paz en tantos lugares del planeta. Especialmente en África, donde todavía unos poderosos venden armas para la muerte pero no ofrecen comida para los hambrientos. Querría, además, que desapareciese el aborto en todos los países del mundo. Lo cual no es ningún sueño imposible: basta con aprender a vivir responsablemente la vocación al amor para que ningún hijo sea visto como un “enemigo” o un obstáculo en el camino de la propia vida. Porque lo mejor que podemos hacer es vivir para los demás. Porque cada niño pide un poquito de amor y de respeto. Porque cada madre que ha empezado a serlo merece ayuda y apoyo, para que no le falten las cosas que más necesite durante los meses de embarazo y los primeros años de su hijo.
En este nuevo año me gustaría dialogar con quien piensa de modo distinto en un clima de respeto, sin insultos, sin desprecios, sin zancadillas. Porque si él y si yo somos humanos, porque si él y si yo queremos encontrar la verdad, podemos ayudarnos precisamente con una palabra nacida desde los corazones que saben escucharse y, más a fondo, que saben amarse...
El año que inicia querría tener más energías, más entusiasmo, más convicción, para enseñar a los otros lo que para mí es el tesoro verdadero: mi fe católica. Enseñarla, sobre todo, con mi vida. Querría ser, en ese sentido, más coherente, más bueno, más abierto, más disponible, más cercano. Especialmente cuando me encuentre con un pobre, con un enfermo, con una persona triste o desesperada, con quien llora porque sabe lo que muchos no se atreven a reconocer: que ha pecado. Porque sólo cuando me pongo ante mis faltas con honestidad clara y completa, descubro mi miseria y comprendo la de los otros. Y porque cuando reconozco mi miseria y la ajena puedo entender que necesitamos al único que puede limpiarnos con su palabra llena de perdón y de esperanza: Dios. ¿Qué deseo en un año nuevo? Quizá deseo demasiado. Quizá he soñado despierto. Quizá me he dejado llevar por una emoción inconsistente. Mientras, el reloj sigue su marcha, y, sin saberlo, me dice: este año será un poco distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que encontrarás en los mil cruces de camino de este año que está iniciando...







P. Fernando Pascual LC

martes, 23 de diciembre de 2008

Para eso estoy vivo (*)

¿Has notado cómo muchos de nosotros decimos con asombro "qué rápido se fue este año"?. El tiempo pasa volando porque vivimos preocupados y ocupados. Nuestras mentes no descansan. Nos cuesta mucho trabajo hacer una pausa para relajarnos y disfrutar el momento presente.

Hacen unos años, en las vísperas de un viaje a Sudamérica, mi hija de 16 años me invitó a tomar un café a solas. Yo, en realidad, no podía darme ese lujo porque estaba trabajando en una extensa lista de asuntos pendientes, casi todos de urgencia, pero tampoco fui capaz de rechazar la invitación de mi pequeña. Pensé que tomaría el café con ella rápido y continuaría con mi lista. pero ocurrió algo extraño.


Cuando estaba frente a ella, la observé, la sentí, la escuché (No paraba de hablar). Me contaba sobre sus problemas en la escuela; sobre sus sueños, sus retos, sus convicciones, sus tristezas, sus alegrías, amores y desamores. ¡Abría su corazón conmigo! ¡Confiaba en mí! Más que esperar un consejo, deseaba sentir mi compañía… Y yo la escuché callado.

Sin decir nada durante varios minutos. Qué delicioso fue. Entonces, de
asuntos de dinero y trabajo, dejando pasar los momentos más bellos de nuestra existencia, enceguecidos por las infinitas ocupaciones. Cancelé mi trabajo de ese día y decidí pasar la tarde con mi hija. Hubo gente molesta con mi decisión. Recibí algunos reproches.

Al día siguiente me fui de viaje a Sudamérica dejando varios asuntos pendientes. Después, todos salieron adelante, y el mundo no se acabó. Pero jamás he olvidado esa tarde.
Aunque la computadora nos ha hecho más productivos, también nos ha esclavizado. Llevamos la oficina a la casa y en las tardes, noches y días festivos, trabajamos. Incluso viajamos llevando la computadora para terminar los asuntitos pendientes.

No lo hagas. No hoy. No en estas fiestas. Disfruta a tu familia. Después de leer este boletín, quiero hacer pronto, sin que pudiera prevenirlo, sentí un nudo en la garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas. Ella me preguntó qué pasaba y yo simplemente le dije “continúa”. Mi teléfono celular sonó (otra vez). Miré la pantallita. Había gente esperándome en la oficina. No quise contestar. Apagué el teléfono. Recargué los codos en la mesa, sosteniendo mi cabeza como alguien que ha encontrado el mejor paisaje del mundo y contemplé a mi hija.

Pensé. ¡Para esto vivo! Para estar con ella. Para poder disfrutarla, escucharla, acompañarla. Me di cuenta por un instante cuán errados estamos al perseguir siempre
te una sugerencia. Desacelera. Apaga la computadora y ve a reunirte con las personas que amas. Te necesitan más de lo que crees. Se sienten más solas de lo que te imaginas. Ya ves. Se terminó otro año. ¡Y se nos fue tan rápido! Es momento de observar los paisajes, admirar los milagros, regresar a tu fe, volver a hablar con Dios apasionadamente, decirle cuanto lo amas y le agradeces… Es momento de volver a sentir un nudo en la garganta contemplando la belleza de tu familia y decir…

Para esto vivo.


(*) escrito por Carlos Cuauhtemoc Sanchez

Catedrático especializado en Alta Dirección de Empresas y Ciencias Exactas. Creador de un nuevo género literario llamado FICCIÓN- FUSIÓN.

La última Encuesta Nacional de Lectura realizada en México, indica que Carlos Cuauhtémoc Sánchez es el autor más leído en México y sus libros son los más leídos después de la Biblia. La casa editora que publica sus obras, estima de acuerdo a las estadísticas de ventas y distribución que el fenómeno se esta repitiendo en casi todos los países de América latina y entre la población de habla hispana de los Estados Unidos.

Nació en la ciudad de México el 15 de abril de 1964. Es autor de los libros: Un grito desesperado (1992), Juventud en éxtasis (1993), La última oportunidad (1994), Volar sobre el pantano (1995), La fuerza de Sheccid (1996), Juventud en éxtasis 2, (1997), Dirigentes del mundo futuro (1998), Contraveneno (1999), Sangre de Campeón (2001), Sangre de Campeón Sin cadenas (2002), Sangre de Campeón Invencible (2003), El Misterio de Gaia (2004), Mujeres de Conquista (2005),Sangre de Campeón En Pie de Guerra (Julio 2006), Te Desafío a Prosperar (Noviembre-2006), Te Desafío a Potenciar tu vida afectiva y sexual (Octubre-2007).

La Revista Time de Nueva York, en su edición especial de octubre, 15 de 2001, dice de él: “En un tiempo en el que los muchachos parecen crecer demasiado rápido, expuestos a presiones que sus padres nunca tuvieron, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, está tocando el corazón de lectores jóvenes, con un profundo mensaje moral, que lo convierte en el guía cultural ético de moda para millones de lectores”.


El periódico Wall Street Journal, en marzo 17 del 2000, comenta: “Carlos Cuauhtémoc Sánchez ha vendido casi tantos libros como los superestrellas de literatura latinoamericana, el Premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez y otros. El autor mexicano de los best sellers, da un mensaje de valores morales condimentado”.


El Periódico Reforma, en Octubre 14 y 16 de 1997, dice: “Una encuesta realizada por el departamento de investigación del Reforma señaló que los autores más leídos y preferidos de los universitarios mexicanos son Gabriel García Márquez, Hermann Hesse y Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Son el hit parade la literatura”.
Los Ángeles Times, en junio 25 de 2002, asegura: “Para miles de personas, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, es una combinación entre la versión hispana del conferencista Tony Robbins y un amado sacerdote. Es, un líder espiritual que motiva a las personas en los momentos más duros de sus vidas a través de los valores humanos.

Con sus libros sobre la familia, el perdón, la fe y la formación del carácter ha llegado a ser el guía cultural de moda para los millones de personas en Latinoamérica que se han conmovido con sus profundos mensajes. Entre los Latinos en California del sur, él representa tanto como los gigantes de la literatura”.


El Día en Houston, Texas; el 24 abril 2003, menciona: "Carlos Cuauhtémoc Sánchez, el escritor que hace de la ayuda a los demás una experiencia de vida y que ha sabido transmitir sus vivencias y las de otros, logró conquistar el corazón de Latinoamérica. El autor mexicano cuyos libros han recorrido América Latina, y ha inspirado a tanta gente a mirar la vida de otra manera basándose en los valores humanos, estuvo ayer en el Día”.

Todos los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez han alcanzado la categoría de best sellers dentro de la literatura latinoamericana y varios de ellos han sido traducidos al inglés, al francés y al portugués.

El autor ha sido colaborador en diversos foros de radio y televisión como especialista en el área de formación humana. Obtuvo el “Premio Nacional de las Mentes Creativas” otorgado por la Dirección General del Derecho de Autor y el “Premio Nacional de la Juventud en literatura” otorgado por el Presidente de la República Mexicana. Ha impartido conferencias magnas en los principales auditorios del mundo hispano.

Actualmente hay una placa con sus huellas en bronce en el paseo de las luminarias de la plaza de las estrellas. Ha sido distinguido como el “escritor del año”, galardonado con el “sol de oro”, designado como “premio Toastmaster de la excelencia en la expresión oral” y reconocido por diversas organizaciones de ayuda social como uno de los filósofos de superación, liderazgo y familia, más importante de nuestra época.

(fuente: http://www.editorialdiamante.com/CCS/htm/ccs_semblanza.htm)

jueves, 18 de diciembre de 2008

El silencio de san José

En estos últimos días del Adviento, la liturgia nos invita a contemplar de modo especial a la Virgen María y a san José, que vivieron con intensidad única el tiempo de la espera y de la preparación del nacimiento de Jesús. Hoy deseo dirigir mi mirada a la figura de san José. (......)
Desde luego, la función de san José no puede reducirse a un aspecto legal. Es modelo del hombre "justo" (Mt 1, 19), que en perfecta sintonía con su esposa acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano. Por eso, en los días que preceden a la Navidad, es muy oportuno entablar una especie de coloquio espiritual con san José, para que él nos ayude a vivir en plenitud este gran misterio de la fe.
El amado Papa Juan Pablo II, que era muy devoto de san José, nos ha dejado una admirable meditación dedicada a él en la exhortación apostólica Redemptoris Custos, "Custodio del Redentor". Entre los muchos aspectos que pone de relieve, pondera en especial el silencio de san José. Su silencio estaba impregnado de contemplación del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos.
Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia.
No se exagera si se piensa que, precisamente de su "padre" José, Jesús aprendió, en el plano humano, la fuerte interioridad que es presupuesto de la auténtica justicia, la "justicia superior", que él un día enseñará a sus discípulos (cf. Mt 5, 20).
Dejémonos "contagiar" por el silencio de san José. Nos es muy necesario, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación para la Navidad cultivemos el recogimiento interior, para acoger y tener siempre a Jesús en nuestra vida.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Navidad todos los dias!!!

Todos sabemos que es un día súper y se empieza a notar en el ambiente. Ya desde el 24 de diciembre en la tarde parece que todos te tiran muy buena onda y hay una vibra muy especial en el ambiente. A los chavos que les toca trabajar ese día, ya como a las cuatro o cinco de la tarde todos se ponen sentimentales y se desean miles de cosas buenas. En casa, a pesar de las carreras por tener lista la cena, cuando llegan los invitados todo parece estar a pedir de boca y muchos de ellos se alivianan y se ofrecen a ayudar en lo que sea necesario. No falta desde luego algún imprevisto o las lágrimas de la abuelita o del abuelo que se acuerdan de tantas cosas. Bueno, ¡qué importa! Hasta esas pequeñas cosas entran en la fiesta y a nadie incomodan.Y ese buen ambiente, esas buenas vibras parece que se continúan por varios días. Tal pareciera que hay algo mágico en esos días, como si Harry Potter hubiera hecho algún encantamiento: todos tratamos de estar de buen humor, tratamos de disculpar a los otros. Como que damos lo mejor de nosotros mismos y los otros también dan lo mejor de ellos mismos. Hasta nuestros jefes parece que nos dejan descansar un poco esos días y nos dejan de tirar mala onda y ni quien se acuerde de los exámenes reprobados, de las malas calificaciones o de los amigos “que ya sabes que no me caen nada bien”.¿Has pensado que pasaría si la magia de esos días se prolongara durante todo el año? Yo creo que nuestra vida y nuestro mundo serían completamente distintos. Ahora que estamos tan afectados por todo lo que ha pasado en Nueva York con los actos terroristas, sería bueno pensar algo por mejorar el mundo, ¿no crees? Espera, no quiero que te vayas de Anti – global o que la hagas de kamikaze. No. Basta simple y sencillamente que nos decidamos a dar lo mejor de nosotros todos los días, a prolongar por todo el año el buenérrimo ambiente de la Navidad. Cierto que no es cosa fácil, pero lo podemos ir ensayando todos los días. No nos va a salir a la primera, pero lo bueno es que ya sabemos cómo hacerlo. Poner tu mejor cara, disculpar los errores de los demás, pedir las cosas por favor, tratar de no criticar a nadie. Bueno, para que seguir. Hay una lista enoooorme de cosas que sabemos muy bien que se pueden mejorar.De ti depende que la magia continúe. Cierra los ojos. Imagina una Navidad eterna. ¿Te gustaría? Ahora... abre los ojos y ponte en marcha. ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!

viernes, 5 de diciembre de 2008

05 de diciembre: Beato Felipe Rinaldi

Se une a Don Bosco

Nacido el 28 de mayo de 1856 en Lu Monferrato (Alessandria), Felipe se sintió ganado por Don Bosco a la edad de veintidós. Como sacerdote, se le encomendó la formación de aspirantes y novicios. En 1899, el Padre Rua lo envió como Director a la comunidad de Sarriá, en España y más adelante como provincial principal. En ese rol contribuyó enormemente al desarrollo de los Salesianos en España.

Vicario General

Al ser designado Vicario General de la Congregación, se volvieron aún más evidentes su don como padre y la riqueza de sus iniciativas. Instauró centros de formación para ofrecer ayuda espiritual y social a las mujeres jóvenes trabajadoras; planificó trabajos de imprenta y guió y apoyó a las Hermanas Salesianas en un momento particularmente sensible de su historia. Dio mucho aliento a los Cooperadores, e instauró la Federación Mundial de ex alumnos, tanto masculina como femenina.

Rector Mayor

Trabajando con la Selatrici di Maria Auxiliatrice, vislumbró las posibilidades de una nueva forma de vida consagrada en el mudo y lo hizo una realidad. El grupo se convertiría más adelante en los “Voluntarios de Don Bosco”. Fue elegido Rector Mayor en 1922. El Padre Francesia decía: “Lo único que le falta al Padre Rinaldi es la voz de Don Bosco: tiene todo lo demás”.

Un maestro de la vida espiritual

Utilizó todas sus energías en adaptar el espíritu de Don Bosco a todas las épocas. Hizo mucho para desarrollar los estudios salesianos y fue un maestro de la vida espiritual. Trabajó para renovar la vida espiritual de los Salesianos, tenía una fe total en Dios y una confianza ilimitada en María Auxiliadora. Le solicitó a Pío XI que concediera “indulgencias por el trabajo santificado”. Se interesó mucho en las misiones, enviando muchos jóvenes Salesianos a aprender idiomas y costumbres para que la evangelización fuera más eficiente.

Murió el 5 de diciembre de 1931. Sus restos son venerados en la cripta de la Basílica de María Auxiliadora. Es conmemorado el 5 de diciembre. Fue beatificado el 29 de abril de 1990 por Juan Pablo II.

(fuente: www.sdb.org)

martes, 2 de diciembre de 2008

Recursos para reflexionar… sobre el Adviento


Jorge A. Blanco Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO

Casi sin advertirlo, nos encontramos transitando el Adviento. Probablemente, las diversas ocupaciones, obligaciones y problemas cotidianos, como así también el cansancio y la cercanía del inminente fin de año, hacen que pasemos por alto el valor de este tiempo litúrgico. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el Adviento nos propone, precisamente, estar atentos y vigilantes a la llegada esperanzadora del Señor y a las necesidades de nuestros hermanos.

Para motivar nuestra reflexión personal y comunitaria sobre este tema, los invito a leer un cuento titulado “Atención”, del libro Creciendo con san Pablo en el don de la sabiduría (Gustavo Jamut, SAN PABLO, 2008):

Se dice que, en una oportunidad, hace no mucho tiempo, Jesús, de manera visible y con su vestidura humana, visitó un templo parroquial, no recuerdo si era de un pueblo o de una ciudad…; lo importante es que podría haber sido tu parroquia.

Todos estaban profundamente emocionados de haber tenido tal privilegio, y, como toda la gente del lugar le pedía a Jesús que les enseñase su Sabiduría y que los bendijese, entonces, él les respondió que, al día siguiente, les daría una enseñanza que ellos no olvidarían fácilmente y que atraería muchas bendiciones a sus vidas.

Al llegar la noche, todos los habitantes, el párroco incluido, ofrecieron sus casas a Jesús para que se alojara en ellas…; pero tú ya sabes cómo somos los seres humanos. Si Jesús se alojaba en una casa, comenzaban los celos en quienes habitaban en las otras, y luego seguirían los comentarios: “¿cómo es que Jesús se alojaba en la casa de fulano, siendo que todos le conocían las manchas (es decir los pecados) que el ‘tigre’ tenía…?”; “¿y cómo es que Jesús iba a la casa de los pecadores y no se alojaba en la casa parroquial o al menos en la casa de doña Romualda que era ministra de la eucaristía, el esposo había sido intendente del pueblo, y ella tenía la mejor casa o la mejor reputación…?”. Todo esto según el cotilleo popular…

En fin, a Jesús no le importaban las lenguas largas y las habladurías, pero ya, que iba a estar visible tan poco tiempo, aunque siempre estaba con el mismo poder en la eucaristía, decidió pasar la noche en el templo parroquial.

No bien decirlo, y comenzaron los ruegos: “no, Señor, que vas a estar incómodo”, “vas a pasar frío…”. Pero Nuestro Señor, por más que le insistieron, no aceptó cambiar su decisión y amablemente les agradeció por su hospitalidad y les dijo que quería pasar la noche en su templo. En definitiva, él ya estaba allí desde que esa iglesia había sido bendecida por el obispo y el Santísimo Sacramento había sido reservado en el sagrario. Sobre todo, les dijo que quería pasar la noche para pensar en la palabra de sabiduría que él dejaría como regalo a la gente del pueblo, una vez que hubiese marchado del lugar de forma visible.

Ante ese argumento, todos se mostraron conformes con sus palabras y ya no insistieron.

Cada uno se fue a su casa con la enorme expectación de que llegara el siguiente día, para así escuchar la palabra de sabiduría que Jesús dejaría como don para ese pueblo.

Antes de que amaneciese, la gente ya estaba levantada. Algunos ni siquiera habían logrado dormir. A las 8 horas en punto, tal como habían convenido con Jesús, el pueblo entero se abalanzó a la iglesia con el párroco y los demás sacerdotes a la cabeza.

Pero… al abrir las puertas, el asombro fue mayúsculo. Jesús ya no estaba visiblemente y en cambio las paredes estaban llenas de graffitis, todos con la misma palabra: “ATENCIÓN”. Dicha palabra estaba escrita en toda clase de letras, tamaños y colores… Enseguida, la gente se indignó… quién podría haber hecho semejante barbaridad. “Hay que tapar enseguida los carteles”, decía uno de los feligreses. Otro decía: “pongámonos todos manos a la obra para dejar nuestro templo tal como estaba antes…”. Así, el griterío y los comentarios iban en aumento…

Sin embargo, después de la primera impresión, el párroco logró que hicieran silencio y les recordó que Jesús les había prometido que, antes de marcharse, les iba a dejar una palabra de sabiduría… “¿Y si fue el mismo Jesús quien escribió esta palabra: ATENCIÓN?”. “¿Y si a través de esta palabra ATENCIÓN él quiere darnos un mensaje?”.

A la gente le costaba creer que Jesús hubiese hecho semejante cosa. Pero, ante las palabras del párroco, al cual consideraban un hombre bastante sabio, que les recomendó calmarse y tomar un tiempo para pensar en el mensaje de Jesús, antes de volver a pintar la iglesia, todos accedieron a dejar las cosas como estaban hasta que tuvieran un poco más de claridad.
Lo cierto es que fueron transcurriendo las semanas y los meses, y, cada vez que la gente iba a la iglesia, por todos lados, veían escrita la misma palabra: “ATENCIÓN”.

Al principio les molestaba… pero cada vez menos.
No se sabe si por el poder que tienen las palabras, o por una gracia particular de Jesús, lo cierto es que, con el tiempo, se fueron dando cambios en el pueblo: los maridos comenzaron a tener mayor ATENCIÓN a las necesidades de sus esposas, mientras que ellas estaban ATENTAS, a las necesidades de sus maridos; los alumnos estaban más ATENTOS en clase, y los docentes prestaban mayor ATENCIÓN a los problemas que podrían tener sus alumnos. El intendente comenzó a estar más ATENTO a la distribución equitativa de los impuestos y a que no se perdiera ningún vuelto en el camino… (Cierto que esto le costó bastante, pero al final lo logró, y le trajo una gran paz interior). El párroco estuvo más ATENTO a lo que Dios le pedía cada día y a la problemática real del rebaño… Doña Pancha y don Pancho ya no estuvieron tan atentos a los errores de sus vecinos y comenzaron a estar más ATENTOS a las necesidades de los más pobres…

Para no seguir extendiéndonos más en el relato, al final, nadie quiso borrar la palabra ATENCIÓN, no sólo porque el mismo Jesús había escrito esa palabra, sino porque, más bien, les recordaba que la verdadera sabiduría consiste en estar ATENTO a lo que Dios nos pide y a las necesidades de quienes están a nuestro alrededor.

Estén preparados y atentos
(Marcos 13, 33).


Para la reflexión personal y grupal:

-¿Qué sensaciones nos ha dejado la lectura de este relato?

-¿Qué hubiera ocurrido, si esta historia hubiese ocurrido en tu parroquia, comunidad, grupo, etc.?

-¿Por qué creemos que fue el mismo Jesús quien le requirió a los integrantes de aquella comunidad a que estuvieran atentos?

-Expliquemos, con nuestras propias palabras, el mensaje del cuento.

-¿Prestamos verdadera atención a la Palabra de Dios y a lo que la Iglesia nos enseña e invita a celebrar en esta Navidad?

-¿Solemos estar atentos a la presencia del Señor en nuestra vida cotidiana?
¿Lo descubrimos, con frecuencia, presente en nuestros hermanos, en los más necesitados, en el prójimo, etc.?

-¿Qué cosas, situaciones, circunstancias, etc. desvían nuestra atención y nos alejan del amor de Dios?

-Reflexionemos, de cara a la Navidad que se aproxima, de qué manera desearíamos vivir este Adviento que se inicia.

Para profundizar nuestra reflexión:

Toda la liturgia del Adviento se hace eco del Precursor, invitándonos a ir al encuentro de Cristo, que viene a salvarnos. Nos preparamos para recordar de nuevo su nacimiento, que tuvo lugar, en Belén, hace cerca de dos mil años; renovamos nuestra fe en su venida gloriosa al final de los tiempos. Nos disponemos a reconocerlo presente en medio de nosotros, pues nos visita también en las personas y en los acontecimientos diarios. Nuestro modelo y guía, en este itinerario espiritual típico del Adviento, es María, que es mucho más bienaventurada por haber creído en Cristo que por haberlo engendrado físicamente (cf. san Agustín, Sermón 25, 7: PL 46, 937). En ella, preservada inmaculada de todo pecado y llena de gracia, Dios encontró la "tierra buena", en la que puso la semilla de la nueva humanidad. Que la Virgen Inmaculada, a quien nos disponemos a celebrar mañana, nos ayude a preparar bien "el camino del Señor" en nosotros mismos y en el mundo
(JUAN PABLO II, Ángelus del 7 de diciembre de 2003).


Para rezar:

Dame, Señor,
un corazón atento,
que nada me aparte de ti.

Concédeme, Señor,
inteligencia para conocerte,
celo para buscarte,
sabiduría para encontrarte,
una vida que te agrade,
perseverancia para esperarte
con confianza,
y una confianza que al fin
te posea.

(Santo Tomás de Aquino).