Mostrando entradas con la etiqueta Rector Mayor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rector Mayor. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de agosto de 2010

Don Pascual Chávez y los desafíos del carisma salesiano en la actualidad

Entrevista con don Pascual Chávez Villanueva, rector mayor de los Salesianos

--Habitualmente no se habla sólo de Congregación Salesiana sino de «Familia Salesiana». ¿Quiénes componen esta familia? ¿Qué relación tiene con ella?

--Don Pascual Chávez: Efectivamente, Don Bosco más que fundador de una Congregación masculina, de un Instituto femenino y de una Asociación de laicos, es el fundador de un grandísimo movimiento espiritual apostólico, que llamamos Familia Salesiana. A los tres grupos originales, de los Salesianos, de las Hijas de María Auxiliadora y de los Cooperadores, se han ido añadiendo como fruto de la riqueza del carisma salesiano muchos más grupos que explicitan facetas del mismo carisma y lo enriquecen. Hoy la Familia Salesiana, a la que me gusta comparar con un árbol, tiene 24 ramas oficialmente reconocidas y otras tantas que, sin pertenecer oficialmente, están en proceso de crecimiento y consolidación en vistas de su aceptación plena, o bien se identifican con la Familia de Don Bosco. En ella el Rector Mayor , precisamente en su calidad de Sucesor de Don Bosco, es el padre y el centro de unidad. De modo que, respetando la autonomía de cada rama, el punto de referencia carismática es siempre el Rector Mayor. Así lo expresan en sus diversos proyectos de vida: Constituciones, Reglamentos o Estatutos.

--Cuando se habla de «carisma salesiano en la Iglesia», ¿qué debe entenderse? ¿A qué se refiere?

--Don Pascual Chávez: La experiencia espiritual y apostólica de Don Bosco, reconocida por la Iglesia primero a través de la aprobación de las Constituciones (1874), y autentificada por su canonización, es un don del Espíritu para la Iglesia. Esto significa que el carisma salesiano es la peculiar forma de vida de los Salesianos, fruto de la consagración al Señor por medio de la profesión religiosa y que se expresa a través de la misión a favor de los jóvenes especialmente los más pobres, abandonados y en situación de riesgo psico-social, realizada por las comunidades con una pedagogía y espiritualidad propias, la del Sistema Preventivo. En su calidad de «carisma» es un don del Espíritu y, como tal, está al servicio de la Iglesia, de su vida y de su misión. Este carisma se puede vivir por consagrados y laicos, sacerdotes y laicos, adultos y jóvenes, pero queda caracterizado siempre por su inspiración en Don Bosco, en sus grandes convicciones (los jóvenes, la educación, el sistema preventivo), por la pasión del «Da mihi animas», que era el programa de Don Bosco, por la devoción a María Auxiliadora.

--Don Pascual Chávez: Como Rector Mayor de los Salesianos, le suponemos con una visión muy amplia y global de nuestro mundo de hoy, particularmente en lo que atañe a la situación de los jóvenes. ¿Cuáles son las necesidades y urgencias que se detectan en nuestro mundo de hoy? ¿Y particularmente en el llamado «planeta joven»?

--Don Pascual Chávez: No cabe duda que tratándose de una Congregación presente en 130 países del mundo el Rector Mayor tiene el privilegio de llegar a adquirir una visión muy amplia y global del mundo en general y, del planeta joven, en particular. Las necesidades y urgencias de nuestro mundo quedan sintetizadas, a mi modo de ver, en las cuatro palabras con las que Juan Pablo II se dirigió por última vez al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede (13.01.’05): paz, pan, vida y libertad. Se trata de derechos fundamentales de la persona humana y de los pueblos, que no pueden no ser aceptadas por ningún gobierno.

Paz no es simplemente ausencia de guerras y conflictos sino la creación de aquellas condiciones sociales que permiten el desarrollo armónico sostenido de las naciones. Hay que convencerse que la guerra no hace más que provocar destrucción y muerte, retrasar las economías de los países y retardar el establecimiento de la democracia. La guerra sólo interesa a los traficantes de armas.

Pan es el derecho de toda persona a la nutrición indispensable para poder asegurar su crecimiento y el desarrollo de todo su potencial humano, que queda fuertemente comprometido cuando el hambre conduce al subdesarrollo de las facultades y, con frecuencia, a la muerte. Es inaceptable que contando con la capacidad para producir alimentos para toda la humanidad haya millones de personas que mueren cada año de hambre y sed.

Vida significa la defensa de la vida humana desde el momento de su concepción hasta su muerte, pero también la calidad misma de la vida que depende de los satisfactores básicos y, sobre todo, el sentido de la existencia. A nadie escapa que la vida hoy sea amenazada desde el primer momento hasta el último y que se oscurezca cada vez más el sentido que puede tener.

Libertad, una de las dimensiones esenciales de la persona humana, es la que mejor asegura la posibilidad del hombre o de la mujer para autodeterminarse y vivir con responsabilidad su historia personal y social. Hablar de libertad es hablar de todas sus expresiones: social, psicológica, religiosa.

En relación al «planeta» joven, lo primero que diría es que sólo existen jóvenes concretos, en la realidad de sus condiciones y contextos sociales, políticos, económicos, culturales y religiosos. Por eso resulta difícil, por no decir imposible, hablar de sus necesidades y urgencias. Para unos será lo indispensable para sobrevivir, para otros será la familia, para otros será la educación, para otros será el empleo, para otros será el sentido de la existencia. De cualquier forma, con Don Bosco, digo que todos los jóvenes tienen una inmensa necesidad de ser felices y que piden – a veces sin saber cómo – quien les acompañe en el camino de la vida y les enseñe la fórmula para ser felices para siempre, aquí y en la eternidad.

--¿Qué aportación hace la Congregación y la Familia Salesiana a estas necesidades y urgencias?

--Don Pascual Chávez: La Congregación y toda la Familia Salesiana realiza su misión en tres grandes áreas de actividad: la promoción humana, la educación y la evangelización. A través de esta presencia diversificada nosotros buscamos estar atentos y responder en la medida de nuestras posibilidades a las necesidades de la humanidad.

La promoción humana se expresa en todas las obras y actividades que van desde hospitales, hospicios, comedores, cooperativas, recuperación de drogadictos, atención a los chicos de la calle y a los que han sido víctimas de turismo sexual...

La educación ocupa la mayor parte de nuestras presencias a través de las miles de escuelas, centros de formación profesional, escuelas agrícolas, centros universitarios, oratorios, centros juveniles...

La evangelización y la catequesis son siempre el horizonte y la razón de toda nuestra actividad pastoral, de modo que se hace presente no sólo en las parroquias, santuarios, templos, capellanías, centros de espiritualidad, misiones sino también en las actividades y obras de promoción y de educación.

--¿Qué respuesta da la Congregación salesiana a los retos de las nuevas pobrezas y a las diversas formas de exclusión social en nuestro contexto europeo?

--Don Pascual Chávez: La opción por los jóvenes más pobres ha sido siempre una característica desde Don Bosco hasta nuestros días. La diferencia hoy es que, por un lado, la pobreza ya no es sólo aquella material, sino la afectiva, la cultural, la religiosa, y, por otro, que la respuesta es igualmente variada, más orgánica y más institucional.

En concreto ha ido creciendo no sólo el compromiso de los Salesianos y de las Inspectorías a favor de los emigrantes, de los marginados, de los excluidos, sino sobre todo se ha convertido dicha opción en un tipo de hermenéutica que nos hace que, en cualquier tipo de obra que estemos, analicemos cuál es la cultura que estamos promoviendo, una que sea solidaria y altruista o una que sea individualista y egoísta.

Aquí podríamos enumerar las obras de carácter marcadamente social como las casas de día, las obras para los gitanos, el trabajo con los emigrantes, los centros para jóvenes en necesidad que funcionan las 24 horas del día...

miércoles, 11 de agosto de 2010

"Venid y Veréis": Presentación del Aguinaldo 2011


Un dato histórico, confirmado por los cuatro evangelistas, es que, desde el comienzo de su actividad evangelizadora (cfr. MC 1, 14-15), Jesús llamó a algunos a seguirle (cfr. Mc 1, 16-20). Sus primeros discípulos se convirtieron así en “compañeros por todo el tiempo en el que Jesús ha vivido entre nosotros, comenzando por el bautismo de Juan hasta el día en el que, estando con nosotros, ha ascendido al cielo” (Hch 1, 21-22).

Evangelización y vocación son, pues, dos elementos inseparables. Incluso podríamos decir que un criterio de autenticidad para una buena evangelización es la capacidad de ésta para suscitar vocaciones, para madurar proyectos de vida evangélica, para implicar enteramente la persona de los que son evangelizados hasta hacer de ellos discípulos y apóstoles.

Después del Aguinaldo de 2010, “Señor, queremos ver a Jesús”, sobre la urgencia de evangelizar, hago una insistente llamada a la Familia Salesiana a experimentar la urgencia, la necesidad de convocar.

Queridos hermanos y hermanas, miembros todos de la Familia Salesiana, os invito por tanto a ser verdaderos guias espirituales para los jóvenes, como Juan Bautista que indica a Jesús a sus discípulos diciéndoles: “¡He aquí el Cordero de Dios! (Jn 1, 36), de manera que puedan ir detrás de El; hasta el momento en el que Jesús dándose cuenta de que lo siguen se dirige directamente a ellos con la pregunta: “¿Qué buscáis?” y ellos, con el deseo de conocer en profundidad quien es este Jesús, le preguntan: “Rabbi, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38), y el Maestro los invita a hacer una experiencia de convivencia con Él: “Venid y veréis”. Algo inmensamente hermoso habrán experimentado los discípulos cuando “fueron, vieron donde vivía y se quedaron con El” (Jn 1, 39).

He aquí el camino pedagógico que os propongo recorrer:

1. Volver a Don Bosco

* Hacer nuestra su experiencia en Valdocco, donde crea un ambiente de familiaridad, de fuerte valor espiritual, de compromiso apostólico y de acompañamiento espiritual, sostenido por un inmenso amor a la Iglesia y al mundo.

* Manifestar la belleza, la actualidad y la variedad de nuestra vocación salesiana: una vida entregada por entero a Dios en el servicio a los jóvenes vale la pena ser vivida.

* Vivir la propia vida y ayudar a comprender la vida de los demás como vocación y misión. Todo como un gran don vivido en la centralidad de Dios, en la fraternidad entre los consagrados y en la entrega a los jóvenes más pobres y necesitados.

2. Para llegar a ser Don Bosco para los jóvenes de hoy

* Ser conscientes y hacer palpable la centralidad de los consagrados en la realización de la misión salesiana. Esta ha sido la convicción y la experiencia de Don Bosco.

* Crear, como en Valdocco, una cultura vocacional caracterizada por le búsqueda del sentido de la vida, en el horizonte de la Trascendencia, sostenida e impulsada por valores profundos, con carácter de proyectualidad, hacia una cultura de la fraternidad y de la solidaridad.

* Asegurar el acompañamiento a través de calidad de la vida personal, la educación al amor y a la castidad, la responsabilidad hacia la historia, la iniciación a la oración, el compromiso apostólico.

* Hacer del Movimiento Juvenil Salesiano un lugar privilegiado para un camino de discernimiento vocacional: en él los jóvenes experimentan y manifiestan una corriente de comunión en torno a la persona de Don Bosco y a los valores de su pedagogía y de la Espiritualidad Juvenil Salesiana, desarrollan el voluntariado y maduran proyectos de vida.

Roma, 31 de mayo de 2010.

Don Pascual Chávez Villanueva
Rector Mayor

(Fuente: www.sdb.org)

miércoles, 3 de febrero de 2010

Mensaje del Rector Mayor al Movimiento Juvenil Salesiano en el centenario de la muerte de don Miguel Rua

“QUEREMOS VER A JESÚS”

Roma, 31 enero 2010

Queridísimos jóvenes,

Aquí estoy, fiel a nuestra cita con ocasión de la fiesta de Don Bosco, “padre de los jóvenes”. Nuestro encuentro de este año, que lamento sea sólo virtual, aunque no sea menos verdadero y auténtico, coincide con el comienzo del centenario de la muere de Don Rua, primer sucesor de Don Bosco y, sin duda, su discípulo más fiel y mejor logrado.

De hecho, ésta es una de las motivaciones principales para la elección del tema del Aguinaldo ofrecido a toda la Familia Salesiana para este año 2010: “A imitación de don Rua, como discípulos auténticos y apóstoles apasionados, llevemos el Evangelio a los jóvenes”.

Pues bien, quiero ser el primero en acoger el programa espiritual y pastoral del Aguinaldo y, a través de este mensaje, a modo de diálogo entre vosotros y yo, os ofrezco el Evangelio y deseo haceros ver a Jesús, para que también podáis llegar a ser sus discípulos, testigos y apóstoles.

Cuando me encuentro con vosotros, muchas veces percibo en vosotros un gran deseo de encontrar al Señor. Tal vez no logréis expresar este deseo con claridad, pero yo recojo de todas maneras vuestro anhelo más profundo, el que habita en vuestro corazón. Os tomo de la mano y os llevo hasta mi Maestro, mi Señor y mi Dios.

“¡Don Pascual, queremos ver a Jesús!”

Si lo deseáis de verdad, debéis tener pies resistentes y oídos atentos. Porque Jesús camina. ¡Y no se detiene jamás! Para encontrarle deberíais escuchar el canto de los granitos de arena levantados por sus pies. A su paso, todo se convierte en nuevo y su paso no conoce fin.

Siempre conserva una zancada de ventaja y su palabra es como Él, incesantemente en movimiento, sin límite en el acto de entregar todo, de dar a conocer todo sobre sí mismo. Han transcurrido 2.000 años, pero Él parece que acaba de pasar. La historia todavía crepita por su paso, como después de la explosión de una bomba. Y el mundo no es el de antes. Nadie ha hablado sobre Dios como este hombre, nadie nos ha amado como Él, nadie se ha entregado totalmente como Él hasta anonadarse. Nadie ha imperado como Él al viento y al mar, a los espíritus malvados que atormentan y destruyen en el hombre la parte mejor de su humanidad, nadie como Él ha vencido a la muerte y al pecado. Es distinto de todos los demás.

Por esto muchos le odian, como se odian los que no se han homologado al pensamiento corriente.

“Yo no tengo un puesto para dormir cuando cae la noche. No tengo un escondrijo, si alguno me busca. Las zorras tienen sus madrigueras, los pájaros su nido; Yo vivo sin protección entre peligros y amenazas. Quien aspire a abrirse camino siguiendo los métodos al uso, no encuentra en Mí lo que busca”.

Dice a aquellos con los que se encuentra: “¡Ha llegado la hora de cambiar!”.
“Dios está aquí en medio de vosotros y nadie puede detenerle ya”.

“Es Él a quien buscamos. Anda, llévale nuestra petición”.

No es necesario. Él sabe lo que queréis. En las orillas del lago, la gente le asedia y le pregunta: “¿Cuál es tu mensaje?”. Jesús mira a los pescadores que están echando las redes. Su respuesta es muy distinta de la que habríamos esperado. No lanza una arenga ni pronuncia una conferencia, sino que dice: “¡Venid! ¿Por qué continuáis pescando? ¡Mejor, salvad al que se ahoga, varones y mujeres, con el agua al cuello! ¡Tengo necesidad de vosotros! Quiero haceros pescadores de hombres”.

Y ellos dejan las redes, la barca, padres, mujeres e hijos. Se van con Él. “¿Queréis de verdad saber quién soy? Haced el camino conmigo y tendréis la respuesta”, dice Jesús. Se necesita coraje y andar contra corriente. Es incómodo dejar la perezosa quietud de los días siempre iguales e iniciar un nuevo camino.

Un día, un joven como vosotros viene a buscar a Jesús y le dice: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para ser como Dios me quiere? ¡Confíame el secreto de esta felicidad!”.

Jesús responde: “Conoces los mandamientos de Dios: No matar. No cometer adulterio. No robar. No jurar en falso. Honra a tu padre y a tu madre”.

“Maestro, replica el joven, todo esto lo he respetado con rigor desde mi más tierna infancia”. Jesús le mira con amor y le dice : «Sólo te falta una cosa para llegar a la meta: vuelve a casa, vende todos tus bienes y dona a los pobres lo recabado. Luego ven y sígueme”. Pero el joven se entristece y se marcha.

Seguir a Jesús no significa tomar “una” decisión. Significa tomar “la” decisión. Significa arriesgar todo jugando a una sola carta. Significa asumir como propia la decisión que ha tomado Él respecto a nosotros: “Os aseguro que no hay amor más grande que éste: dar la vida por los propios amigos”.

Y, para dejar todo más claro, todo más concreto, Jesús ofrece su explicación a través de dos parábolas: “El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo; un hombre lo encuentra y lo esconde; después va, lleno de alegría, vende todos sus bienes y compra aquel campo. El Reino de los cielos es semejante también a un comerciante que va en busca de perlas preciosas; encontrada una perla de gran valor, vende todos sus bienes y la compra”.

Jesús nos impulsa hasta la paradoja: en otra parábola elogia a un administrador infiel y deshonesto, culpable de falsedad en acto público, estafa, apropiación indebida y corrupción. Sólo para poner de relieve que ese hombre se ingenia para garantizarse el futuro, es decir, es previsor. Es un deshonesto, pero con coherencia sigue una línea muy derecha: mira sin escrúpulos a su propio provecho.

Queridos jóvenes, amigos míos y de Don Bosco, no podéis vivir sin saber lo que verdaderamente cuenta, sin saber cuál es el sentido de la vida. Porque la vida es todo lo que tenéis.

La única carta segura sobre la que podéis apostar es precisamente Él, Jesús.

“Pero, don Pascual, el Reino de Dios no es para nosotros. Es una cosa demasiado alta y difícil”.

¡Si Jesús te quiere y te llama, puedes moverte! Puedes cambiar de dirección, iniciar un nuevo camino. Basta saberse, sentirse y quererse amado por Él. Basta cambiar tus costumbres, repensar tus convicciones. Así hicieron los primeros discípulos: llamados uno a uno por su nombre, se pusieron sin vacilación en camino directo hacia Él.

En la vida de cada hombre hay un día, una hora que deja un recuerdo inolvidable. Es el momento en el que sucede algo nuevo, es el momento en que una vida cambia totalmente. “Eran cerca de las cuatro de la arde”, recuerda Juan, cuando encontraron a Jesús.

La Escritura nos da muchos testimonios. Dios hace sus elecciones sin fijarse en censo, dotes o cualidades personales; más todavía, escoge paradójicamente a los más débiles, a los pobres, a los ignorantes del mundo. A veces llama de manera impetuosa, casi violenta: es el caso de Pablo, caído por tierra en el camino de Damasco. Muchas veces, por el contrario, lo hace de manera sencilla y persuasiva. Así fue la invitación dirigida a los dos discípulos de Juan Bautista.

Para llamar a un persona, la mayor parte de las veces Dios se vale de una mediación humana: el Bautista para Andrés y Juan; Andrés para su hermano Simón; Felipe para Natanael. ¡Así entonces ...! ¿Y ahora? ¡Hoy se sirve de mí para llamarte a ti! ¡Ven! ¡Te invito a conocerle!

Es verdad. No fue fácil para los discípulos captar la “lógica” de su Maestro, pero al final se dieron cuenta de que fuera de Él no habrían encontrado palabras capaces de dar luz y fuerza para alcanzar la plenitud de vida que Jesús les había indicado.

Y no sólo a ellos. Zaqueo, un publicano, es decir, un cobrador de impuestos, era un funcionario que exigía las tasas para los romanos. A los ojos de la gente, un “colaboracionista”, un traidor, despreciado y odiado por los “verdaderos” judíos. Precisamente este Zaqueo, traidor y deshonesto, se entera de que Jesús está entrando en Jericó. Ha oído hablar de este hombre. Dentro de sí siente una fuerte atracción: desearía conocer o, al menos, ver a Jesús. Deja la mesa de los impuestos y corre a donde se amontona la multitud en torno al Maestro. Hay demasiada gente y él, pequeño de estatura, incluso dando saltos, no consigue ver absolutamente nada. Entonces corre más adelante y se sube a un árbol. El rico, poderoso y ciertamente odiado Zaqueo, se encarama entre las ramas de un sicómoro. Su gran deseo le ha hecho perder toda dignidad y le ha convertido en hazmerreír a los ojos de la gente. Todos se ríen de él y también Jesús debió de sonreír, pero después, escrutando el fondo de su corazón, le dice: “Baja, Zaqueo, porque hoy debo quedarme en tu casa”. Zaqueo baja, corre a casa.

Las autoridades públicas de Jericó y los judíos bienpensantes están molestos, furiosos y heridos. Todos murmuran y dicen: “Ha ido a casa de un pecador”. Están asombrados y tienen la impresión de no entender nada. Es el mundo vuelto a revés: ¡el Mesías en cada de los pecadores!

Pero Jesús obra siempre de este modo. Descompone nuestro mundo egoísta e hipócrita, lo descoyunta y no le importa el orden establecido. Da la vuelta a los valores estables, para poner en su lugar un orden social totalmente nuevo.

Jesús está en casa de Zaqueo y no le dice que abandone a su mujer, que venda su casa, que distribuya sus bienes a los pobres y que Le siga. Le dice solamente: “Hoy me quedo en tu casa”.

Las llamadas de Jesús son de dos tipos. Dice al joven rico: “Ve, vende todo lo que tienes y sígueme. No llevarás bagaje, no te servirán, proveeré Yo de ti. Yo seré tu Bien”. A Zaqueo, en cambio: “Hoy debo quedarme contigo”. Esta última llamada no es más fácil que la primera. A Zaqueo, en efecto, le desbarajusta todo su modo de ser y de vivir.

Cuando Jesús dice que quiere vivir con nosotros y nosotros le recibimos en nuestra casa, entonces muchas cosas cambian dentro de nosotros y nuestro modo de vivir se revoluciona. Cuando acogemos a Jesús en nuestra vida, Él nos libera de todo cuanto no es Dios.

Cuenta una sola cosa: ¡Acogerle! Y para esto hay que estar siempre dispuestos y vigilantes: en el momento en que recibes su llamada, tienes la posibilidad de convertirte en una persona libre, capaz de disponer de ti mismo para poner tu vida a su servicio y al de los demás.

“Entonces, ¿crees de verdad que Dios tiene necesidad de nosotros?”

En primer lugar, Jesús quiso tener a hombres en torno a Él: doce amigos, una comunidad, un pueblo. Después hace más: se presenta a Sí mismo y a la Iglesia como una vid: “Yo soy la verdadera vid. Permaneced unidos a Mí, y Yo estaré unido a vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece unido a la vid, tampoco vosotros podéis dar fruto si no permanecéis unidos a Mí. Yo soy la vid. Vosotros sois los sarmientos. Si uno permanece unido a Mí y Yo a él, produce mucho fruto; sin Mí no podéis hacer nada”.

En sus amigos circula su misma sangre. “Yo soy vosotros y vosotros sois Yo”, afirma. “Y éste es el signo para reconocerme: se llama Eucaristía. Somos el mismo cuerpo. En nosotros circula la misma sangre. Vosotros sois ahora mis manos, mis pies y mi corazón”.

Después de haberle crucificado, sus enemigos pensaban: ¡Lo hemos eliminado! De una vez por siempre, hemos colocado una piedra sobre Jesús de Nazaret. Pero no se puede impedir al sol que salga. No se puede impedir que sea Vida a Aquel que puede vencer a la muerte. No se puede impedir participar en la Vida de Aquel que es la fuente de la Vida. Nada hay más vivo que Dios. Y en aquella última noche, en la Eucaristía, Jesús dice: “¡Ahora sois Yo”. ¡Jesús está vivo en nosotros!
Queridos jóvenes, podéis ser genios, organizadores, inventores, gente famosa, varones y mujeres de éxito... Pero todo esto no es nada ante la posibilidad de ser un instrumento en las manos de Dios.

No podéis tener una vida estéril, que cada día marchita un poco más la vida. Por el contrario, podéis estar repletos de fruto. Es una responsabilidad vuestra. “Mi Padre es el agricultor”, explica Jesús. “Toda rama que no esté en Mí y no dé fruto, Él la corta y la arroja fuera, y las ramas que dan fruto las libera de todo lo que impide dar frutos más abundantes. Vosotros estáis ya liberados gracias a la Palabra que os he anunciado”.

Podéis ser la boca a través de la cual Dios continúa hablando a los seres humanos, instrumentos para anunciar la verdadera libertad. Podéis ser los ojos que saben ver en la oscuridad del mundo, para indicar después a los demás la presencia de Dios y su Reino. Podéis ser los oídos que, en medio de los ruidos y de las músicas de los iPod, consiguen oír lo que ya parece no audible: la voz del que llora, del que implora ayuda, del que invoca respeto y dignidad y del que pide justicia y pan. Podéis ser las manos y los pies para ir al encuentro de las personas y levantarlas y sostenerlas en pie en el nombre de Jesús. Y descubriréis que habéis recibido mucho más de cuanto hayáis sido capaces de dar.

Éste es secreto de la felicidad. “La felicidad está en otra parte, en la parte que no pensáis”, dice Jesús. “La felicidad se construye sólo con Dios”.

Lo había anunciado ya una joven hebrea en Nazaret, su madre, antes de que Él naciese: “Cantaré mi canción más bella en honor de Dios, porque Él es poderoso. Ha hecho en mí grandes cosas. Su nombre es santo. Su misericordia dura por siempre con todos aquellos que le sirven. Ha dado prueba de su poder, ha destruido a los soberbios y sus proyectos. Ha derribado del trono a los poderosos, ha levantado de la tierra a los oprimidos. Ha colmado de bienes a los pobres, ha despedido a los ricos con las manos vacías”.

Dios está de parte de los derrotados, de los pobres, de los atormentados, de los puros y de los pacíficos. “Los pobres son felices, alegres, bienaventurados, en paz, en armonía consigo mismos, con el mundo y con Dios, porque tienen las manos y el corazón puro, que no conoce el egoísmo, que no gira en torno a sí mismo, sino que mira a Dios. Bienaventurados los que construyen la paz y luchan por la justicia”.

“Vosotros sois la sal de la tierra y, por tanto, podéis impedir que este mundo se corrompa. Debéis ser antorchas encendidas, porque todavía hay demasiada oscuridad en este mundo No os he pedido simplemente que llevéis una luz. ¡Vosotros debéis ser la luz! Debéis ser fuego y, para dar luz, debéis consumaros vosotros mismos, como el tronco que arde”.

Seréis bienaventurados si os decidís a caminar con Jesús, si aceptáis el riesgo de transformar en luz vuestros sueños; pero, sobre todo, seréis felices si permanecéis en Él y no simplemente con Él. Libres para producir frutos, es decir, las obras visibles de un amor concreto, hecho de verdad, de entrega, de sacrificio total de la vida, si fuera necesario.

En la última noche, Jesús se levantó, se quitó al manto y se ciñó un delantal a los lomos. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies a sus discípulos y a secarlos con su delantal. Así hacían los esclavos. Inmediatamente después dijo: “Lo que he hecho Yo, hacedlo también vosotros, los unos a los otros”.

Formad un pueblo de personas que se aman, para que, viéndoos a vosotros, comiencen a creer en Dios.

Somos un nuevo pueblo. Somos la Familia de Dios, somos la verdadera vid que el Padre cuida con amor. Recibimos la linfa del Espíritu de Jesús y somos los sarmientos que dan fruto... Nos llamamos Benito de Nursia, Francisco de Asís, Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Francisco de Sales, Don Bosco, Madre Mazzarello, Don Rua, Domingo Savio, Laura Vicuña, Monseñor Versiglia, Calixto Caravario, José Calasanz, José Kowalski, Zeferino Namuncurá, Jóvenes Mártires del Oratorio de Poznan, Piergiorgio Frassati, Madre Teresa de Calcuta, Damián de Veuster, José Quadrio, Nino Baglieri... Nosotros... Somos muchos. Una Familia que cada día acoge la Palabra. Una vid que cada día ofrece los frutos del Espíritu.

Por tanto, caminad con la cabeza erguida. Tenéis vuestra vida en vuestras manos. Tenéis plena conciencia de vosotros mismos. Permaneced en pie, aunque estéis solos, aunque sea frente a una multitud. Podéis inclinaros sólo ante Dios y para levantar a los que han caído. Amad a Dios con todo el corazón y a las personas que viven a vuestro lado, como a vosotros mismos.

Jesús concluyó su Sermón de la Montaña con estas palabras: “El que pone en práctica lo que os digo es una persona previsora que había construido su casa sobre una roca. Y cuando llegó el nublado y los ríos se desbordaron y la tempestad se abatió sobre la casa, ésta quedó intacta, porque sus cimientos habían sido excavados en la roca.
En cambio, el que escucha mis palabras y no las pone en práctica es tan necio como quien había construido su propia casa sobre la arena. Y cuando vino la lluvia y los ríos se salieron de cauce y la tempestad descargó sobre la casa, ésta se rompió y quedó hecha añicos”.

Tened cuidado de vosotros mismos: construid vuestra casa sobre la roca o seréis triturados.



“Don Pascual, ¿Jesús pretende todo esto de nosotros?”

Servir al Señor es muy sencillo. Dios no es un tirano. Dios habla con vosotros como un padre y un amigo.

“No sois vosotros los que Me habéis elegido como amigo, sino que he sido Yo el que os ha elegido a vosotros y os he convertido en mis amigos. Así, vuestro trabajo crecerá y producirá frutos que durarán toda la eternidad. Si seguís el camino que os muestro, dice Jesús, experimentaréis cómo es bonito pertenecer a Dios y cómo no es pesada la carga que la fe os pide que llevéis”.

Debéis tomar aliento, levantaros, debéis sentiros personas libres. Mi mensaje es una invitación a una fiesta. El futuro es una mesa llena de alegría entre amigos, y Dios celebrará fiesta con nosotros.

Jesús dice que su palabra está sembrada dentro de vosotros, como en un campo; pero el corazón humano es terreno difícil y complicado, lleno de durezas y sofocado por la maleza espinosa.

A pesar de todo, vosotros sois el campo. Si comenzáis a escuchar la Palabra, podréis encontrar algo precioso.

Antes de nada, podréis encontraros a vosotros mismos. Y encontraréis a Dios dentro de vosotros. “No debéis tener miedo, pero no podéis hacer nada sin Él. Y Él tiene necesidad de vosotros”.

Él nos conoce muy bien, exactamente como somos. Conoce el singular mundo de tinieblas y de luz que está dentro de nosotros; conoce mejor que nosotros la misteriosa mezcla que somos.

Sabe de qué somos capaces. Los otros pueden quedar defraudados, porque se han forjado sueños sobre nosotros y nos proyectan en su ideal. En cambio, Dios no queda jamás defraudado. ¡Porque aquél a quien Él ama soy yo, como soy hoy...!
Dios no vive en el futuro ni vive en el pasado, sino en el presente. Él es el presente y me ve en mi realidad presente.

También los amigos de Jesús pensaban que era necesario ser grandes y poderosos para realizar el Reino de Dios; pero Él dijo: “Para ser útiles a Dios debéis ser pequeños, como un niño”.

Un niño es un ser que todavía tiene ante sí su propio futuro. Un niño está hecho de sueños y de confianza.

Caminad derechos, con la cabeza erguida. Tenéis un futuro ante vosotros y merece la pena ir a su encuentro. Los niños son débiles: lo que más les falta es sobre todo la fuerza. Pero tienen confianza. Y cuando todo marcha bien, saben que son amados.

Y tienen delante de sí el futuro. Vosotros tenéis una palabra que decir en vuestra vida y con vuestra vida. Una palabra de consuelo, una palabra liberadora, una palabra de esperanza, abierta al futuro. Tened el valor de pronunciarla. Tened el valor de ser lo que sois y debéis serlo íntegramente: personas autenticas, libres, que tienen una vocación.

¡No tengáis miedo! Caminemos con valentía hacia la otra orilla.

Este océano de peligros y de amenazas es realmente muy grande y nuestra barca es pequeña y frágil. Pero en nuestra barca llevamos a Jesús, el Hijo de Dios. ¿Quién puede darnos miedo?

Queridos jóvenes, os quiero de verdad y he acogido vuestra petición de haceros ver a Jesús. Os lo he hecho ver y os llevado a Él. Deseo que ahora podáis confesar como los discípulos del Bautista: “Hemos encontrado al Cristo”, y que os preocupéis de trabajar para conducir a otros hasta Jesús.

Para concluir, os dejo con la oración del Cardenal Newman. Hacedla vuestra y convertidla en programa de vida.



EN TUS MANOS

Señor, me pongo en tus manos enteramente.
Tú me has creado para Ti.
No quiero pensar más en mí,
sino sólo seguirte.

¿Qué quieres que haga?
Permíteme hacer el camino contigo,
acompañarte siempre,
en la alegría y en el dolor.

Te entrego deseos, placeres,
debilidades, proyectos, pensamientos
que me entretienen lejos de Ti
y me repliegan continuamente sobre mí.

¡Haz de mí lo que quieras!
No discuto sobre el precio.
No trato de saber con anticipación
tus designios sobre mí.
Quiero lo que Tú quieras para mí.

No digo: “Te seguiré donde vayas”,
porque soy débil.
Pero me entrego a Ti
para que seas Tú quien me conduce.
Quiero seguirte en la oscuridad,
sólo Te pido la fuerza necesaria.

Oh, Señor, haz que yo lleve todo ante Ti,
y que busque lo que Te agrada
en cualquier decisión mía
y tu bendición sobre todas mis acciones.

Como un reloj de sol no indica la hora
si no es con el sol,
así quiero yo ser orientado por Ti:
Tú quieres guiarme y servirte de mí.
Así sea, Señor Jesús.
(Cardenal J.H. Newman)

Con afecto y gran estima.

D. Pascual Chávez Villanueva, SDB
Rector Mayor

(fuente: www.sdb.org)

domingo, 31 de enero de 2010

Don Pascual Chávez en Argentina: “Los jóvenes son el presente”

El Rector Mayor de los salesianos, Don Pascual Chávez Villanueva, arribó hoy a San Nicolás de los Arroyos, donde más de 400 jóvenes participan de un encuentro en vísperas a la creación de las dos nuevas inspectorías argentinas.

Pasadas las 10.30 de la mañana el IX sucesor de Don Bosco llegó al hotel Colonial de la ciudad nicoleña, en el que una hora más tarde realizó una conferencia de prensa y destacó que “los jóvenes son el presente, no sólo la esperanza del futuro”, es decir, “si en el presente no desarrollan sus cualidades, talentos, dimensiones, en vez de ser un recurso para el futuro serán un problema social”.

Su presencia en la ciudad que alberga la primera Casa Salesiana de América tiene por objetivo el lanzamiento del nuevo diseño de la congregación en Argentina, para aunar esfuerzos y energías, y potenciarse para los nuevos desafíos, siendo conscientes de los recursos que se tiene y reconociendo la realidad de hoy.

Don Chávez destacó también la santidad salesiana en el país, con el ejemplo de Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá y Artémides Zatti, que desarrollaron su labor en las tierras soñadas por Don Bosco.

Luego el Rector Mayor dio la bienvenida a los participantes del encuentro de jóvenes en el colegio Don Bosco y se fotografió con ellos.

A partir de las 16 dará una charla y continuarán las actividades que seguirán en el Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás.

(fuente: www.donbosco.org.ar)

sábado, 28 de noviembre de 2009

Don Pascual Chávez Villanueva confirmado Presidente de la Unión de Superiores Generales

(ANS – Roma) - Don Pascual Chávez Villanueva, Rector Mayor de los Salesianos, ha sido confirmado Presidente de la Unión Superiores Generales (USG) para el trienio 2009-2012.

La elección se ha realizado hoy durante la asamblea general del USG celebrada en el Salesianum de Roma, a continuación de la 74ª Asamblea semestral desarrollada el 26 y 27 de noviembre. El plebiscito casi unánime ha indicado la estima y el aprecio por el trabajo desarrollado por Don Chávez en los últimos años.

Don Chávez fue elegido Presidente del USG por primera vez el 24 de noviembre de 2006.
Después ha venido la elección del Vice-presidente y de los otros miembros del Consejo USG.

Esta es la nueva composición:

Presidente: Chávez Villanueva Pascual (Salesianos Don Bosco)
Vice-Presidente: Abella Batlle Joseph Maria (Claretianos)

Consejeros:
Handgraetiner Thomas (Canónicos Regulares Premostratenses)
Marín Bruno (Benedictinos Sublacenses)
Rodríguez Carballo José (Orden de los Hermanos Menores)
Nicolás Adolfo (Compañía de Jesús)
Benzoni Rino (Javerianos)
Alvarez-Ossorio Javier (Congregaciones SS. Corazones – Picpus)
Ornelas Carvalho José (Dehonianos)
Aldegani Mario (Josefinos del Murialdo)
O’Rielly Kieran (Society of African Mission)
Turù Emili (Hermanos Maristas)

(fuente: www.infoans.org)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Mensaje del Rector Mayor para el Mes de Noviembre

NOVIEMBRE : CIEN MODOS PARA COMUNICAR

La nueva situación de la cultura de la comunicación ofrece inéditas posibilidades de educación y de evangelización. Hoy la CS es el camino obligado para la difusión de la cultura y de los modelos de vida. Es parte significativa de la experiencia juvenil (CDM 19).

Gran forjador de ambientes educativo-evangelizadores, Don Bosco ha sabido intuir la bondad y la fuerza de los lenguajes de la comunicación para incidir de modo original y efectivo en los jóvenes. Sabía tocar las fibras del corazón.

Era no solo un evangelizador-educador, sino también un comunicador nato. La ecología comunicativa inventada por Don Bosco tenía el claro fin que posteriormente uno de mis predecesores, el P. Egidio Viganó, ha definido en forma lapidaria: educar evangelizando, evangelizar educando, combinación inseparable en la misión salesiana. Él lograba sacar lo mejor de los jóvenes volviéndolos protagonistas de su propia educación, y lo mejor de los educadores-evangelizadores haciendo de ellos los testigos del evangelio y los animadores de la rica epifanía juvenil. En el Oratorio un grande abanico de propuestas comunicativas tocaba la vida de tantos jóvenes “pobres y abandonados” llegados a Turín desde los valles. Casa, escuela, catecismo, misa, trabajo, banda de música, teatro, paseos, juegos, talleres, buenas noches, narraciones de sueños, sermones, palabras al oído, tarjetitas con mensajes personalizados, etc. comunicaban una cultura, un modo de ponerse en relación con Dios, con el mundo y con los demás. El conjunto abría a la esperanza y a la confianza, daba sentido a la vida, cuando tal vez para algunos todo ello ya se había perdido. El Oratorio, en resumen, representaba una sólida y bien arraigada alternativa cultural.

Pero Don Bosco iba más allá. Su genio comunicador se manifiesta en una carta vehemente de la cual cito un breve fragmento: “La difusión de buenos libros es uno de los fines principales de nuestra Congregación. (…) Por esto, entre los libros que hay que divulgar, propongo que demos preferencia a los que tienen fama de ser buenos, moral y religiosamente hablando, especialmente los que salen de nuestras tipografías. (…). Con el Boletín Salesiano, entre tantísimos proyectos, tuve también éste: mantener vivos entre los jóvenes, vueltos a sus casas, el amor al espíritu de San Francisco de Sales y a sus normas y hacer de ellos mismos los salvadores de otros jóvenes”.[1] Don Bosco fue por tanto un educador-evangelizador-comunicador, como he escrito en la carta dedicada a la Comunicación Social (CS).[2] Para los salesianos la CS se fundamenta en la misión misma de la Iglesia[3] y la expresamos en la pasión por Dios, en la pasión por la salvación de los jóvenes, en el “da mihi animas, cetera tolle”: la CS no es algo externo y, mucho menos, extraño a la misión, sino que surge de la misión. Luego el salesiano, como hijo de Don Bosco, es un evangelizador-educador-comunicador por naturaleza.

Hoy constatamos que los jóvenes han creado su propio ambiente, el llamado ambiente digital, un hábitat virtual del cual se sienten dueños. El hecho al comienzo fue observado con desconfianza. Pero es justo aceptar que – abandonadas las edades de piedra y cincel, de papel y tinta, de paredes y aulas y escucha pasiva – los jóvenes reclamen lenguajes nuevos, nuevos métodos y nuevos modos de educación y evangelización. Ellos desean ser autores y actores de su espacio, de su lenguaje y de sus contenidos, inventan y vuelven a crear su propia persona, exigen libertad de navegación y diálogo en el cyberespacio. Pues bien, si allí se sitúan ellos, allí debemos situarnos también nosotros: educando, anunciando, dando testimonio. Fuera de estos espacios y lenguajes ya no somos ni vistos ni escuchados ni comprendidos por los jóvenes, no podríamos educar ni incidir evangélicamente en la cultura.

Esta nueva realidad ni debe asustarnos ni podemos rechazarla: correríamos el peligro de abandonar a los jóvenes que la habitan; y son, a estas alturas, la enorme mayoría. Allí han nacido, allí viven, allí trabajan, allí se divierten, allí entablan relaciones, allí gozan y allí sufren. Podría hasta decir que muchos allí mueren: basta entrar en las redes sociales, en Second Life, o en MySpace, o en Facebook, o en algún blog, o en Youtube, o…

Si el Sistema preventivo reclama la presencia del salesiano “en el patio”, entre los muchachos, entonces debemos reflexionar, actualizar y poner en práctica la presencia del salesiano educador-evangelizador en los nuevos patios de la comunicación donde convergen tantos medios, donde las paredes no son de ladrillo o de cemento, los cables conductores no son únicamente metal o fibras sino también energía y ondas captadas y lanzadas por satélites a través del espacio.

Cierro citando a Papa Benedicto XVI: “Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome de manera especial a los jóvenes católicos para exhortarlos a llevar al mundo digital el testimonio de su fe. Amigos, sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida”.

[1] Circular de Don Bosco sobre la difusión de buenos libros: E.Ceria, Epistolario di S.G.Bosco, vol. 4, p. 318ss, lett. 2539, 19.03.1885
[2] Actas del Consejo General 390
[3] Cfr. Const. 6

(fuente: www.sdb.org)

jueves, 29 de octubre de 2009

Recordando a Miguel Rúa

DIREZIONE GENERALE OPERE DON BOSCO
Via della Pisana 1111 - 00163 Roma

Il Rettor Maggiore

Prot. 09/0623

Roma, 24 de junio 2009

Fiesta de San Juan Bautista

A los hermanos salesianos

de la congregación

Asunto: “Recordando a Don Rua”

Queridos hermanos:

Estamos celebrando este año jubilar de 2009, en el que recordamos el 150 aniversario de la fundación de la congregación. Damos gracias a Dios por los dones de gracia que este año nos está procurando y por los frutos que hace madurar en nosotros, en nuestras comunidades, en los jóvenes, en los laicos y en las familias. Ciertamente uno de estos dones es el tránsito de la urna con la reliquia de Don Bosco, que ha comenzado su peregrinaje en la inspectoría de Italia Central, y ya ha pasado por la “visitatoria” del UPS y por la Casa General de las Hijas de María Auxiliadora. En los próximos días llegará a nuestra Casa General y de ahí partirá para Chile y los demás países de América Latina.

El momento culminante de este año jubilar tendrá lugar el 18 de diciembre. Ese día, en una celebración solemne, sobre todo a nivel local, renovaremos nuestra profesión religiosa, confirmando el don de nosotros mismos que hemos hecho a Dios para los jóvenes. Queremos vivir esa celebración como un momento eclesial y público. Por tanto es importante implicar en él a los jóvenes, a los laicos, a las familias, a los obispos salesianos, y a los diversos grupos de la familia salesiana. Yo viviré ese momento con el consejo general en Turín, en la basílica de María Auxiliadora, pero me sentiré ciertamente muy cercano a cada uno de vosotros, en profunda comunión de espíritu y con la alegría de pertenecer a la hermosa familia de Don Bosco.

El motivo de esta carta es anunciar de forma oficial que el año 2010 será dedicado especialmente a la memoria del beato Miguel Rua. De hecho es el año centenario de su muerte, que ocurrió el 6 de abril de 1910. El año 2010, centrado en la figura del primer sucesor de don Bosco, será en cierta manera una continuación de este año jubilar; esto nos ayudará a seguir madurando en nuestra vocación salesiana de consagrados. Me parece importante que tengamos la conciencia histórica de que la congregación, desde la muerte de don Bosco hasta nuestros días, ha tenido una desarrollo grande y significativo, con progresos y replanteamientos, con esfuerzos de renovación y profundización. De hecho la identidad de la congregación se comprende mejor a través de su historia, conociendo las formas y expresiones que ha ido asumiendo en los diversos lugares y momentos.

“Recordando a don Rua”, viviremos el año 2010 como un camino espiritual y pastoral. Comenzará el 31 de enero, solemnidad de Don Bosco, día en el que recordamos cada año la muerte del santo: a partir de aquel 31 de enero de 1888, Don Rua tomó el testigo para continuar el mismo camino recorrido por el fundador. Este año conmemorativo concluirá el 31 de enero de 2011. A nivel de toda la congregación habrá, entre otras cosas, dos encuentros de profundización histórica: en Turín tendrá lugar, del 28 de octubre al 1 de noviembre del 2009, el V Congreso Internacional de Historia de la Obra Salesiana sobre el tema “Don Rua, primer sucesor de Don Bosco”; y después en Roma, del 29 de octubre al 1 de noviembre de 2010, se celebrará en el “Salesianum” el Congreso Internacional de la Congregación Salesiana sobre el tema “Don Miguel Rua en la historia”.

Os señalo ahora algunos puntos de atención que han de tenerse presentes en vuestras programaciones espirituales y pastorales para el próximo año, en el ámbito personal, comunitario e inspectorial. Más tarde serán desarrollados de forma más amplia en la carta circular, en la que me propongo profundizar en la figura del beato Miguel Rua. Estará disponible para todos los hermanos en el mes de septiembre de 2009, y será publicada en el próximo número de las actas del consejo general.

Ante el ejemplo de Don Rua, fiel discípulo de Jesús tras las huellas de don Bosco, todo hermano está llamado, sobre todo, a redescubrir los medios para mantener la fidelidad a la vocación consagrada. Nuestra vocación es un don precioso, pero es “como un tesoro en vasijas de barro”. La grandeza del don recibido está, con frecuencia, amenazada por la fragilidad de nuestra respuesta. Ante la vida de este gran testigo de la fidelidad deberemos preguntarnos: “¿Soy feliz con Dios?”; y sobre todo: “¿Está Dios contento conmigo?”. Abrazando la vida salesiana consagrada nos situamos de hecho en el seguimiento de Jesús y nos convertimos en sus discípulos auténticos y en sus apóstoles apasionados. Todo esto exige de nosotros el compromiso de una fidelidad vocacional convencida. Acerquémonos, por tanto, con frecuencia a los manantiales de la vida del discípulo y del apóstol, a las fuentes de la fidelidad vocacional: la Sagrada Escritura, mediante la “lectio divina”, y la Eucaristía.

Podemos también subrayar un aspecto particular en el ámbito de nuestra vida salesiana consagrada. Esta se presenta en sus dos formas, ministerial y laical. En este año sacerdotal podemos redescubrir en particular el don del sacerdocio en la comunidad salesiana y en la comunidad educativo-pastoral.

Cuando don Rua fue enviado a Mirabello para fundar una nueva casa, resumió los consejos recibidos de Don Bosco en una sola frase: “En Mirabello buscaré ser don Bosco”. ¡Qué importante sería que cada uno de nosotros asumiera esta misma actitud! Éste es también de hecho el proyecto de vida, que tenemos expresamente en nuestras constituciones: ser don Bosco hoy, allí donde nos encontremos viviendo y trabajando. Ser Don Bosco cada día es exactamente lo que indican concretamente las constituciones. Sabemos que después de la aprobación de éstas el 3 de abril de 1874 don Rua, por su vida ejemplar, fue llamado “la regla viviente”. Él solía afirmar: “Ninguna cosa puede llamarse pequeña desde el momento en que está contenida en la Regla”.

He aquí, por tanto, queridos hermanos, un segundo punto de atención a tener en cuenta. Movido por el testimonio personal del primer sucesor de Don Bosco, os invito en este año a redescubrir, sobre todo con ocasión de los ejercicios espirituales, la importancia y el espíritu de nuestras constituciones salesianas y a repensar vuestro proyecto de vida. Estimulados por el ejemplo de don Rua y según las orientaciones del CG26, queremos comprometernos a estudiar y a practicar nuestras constituciones, con una referencia especial al capítulo cuarto: aquél que habla de nuestra misión, con el título: “Enviados a los jóvenes”.

En tercer lugar, recordamos cómo Don Rua, empujado por la pasión del Da mihi animas, dio un gran impulso a la misión salesiana. El dinamismo de la misión fue el que lo empujó a dar vida a nuevas formas de apostolado, a suscitar y a cuidar las vocaciones a la vida salesiana consagrada, a expandirse por otras partes del mundo. La misión lo convocó para que respondiera a las necesidades de los jóvenes y para que encontrara caminos pastorales por donde llegar a los jóvenes con el anuncio del evangelio. La osadía apostólica de don Rua nos exige por tanto el saber concretar durante este año el compromiso de evangelización de los jóvenes. Nos lo pide el segundo núcleo del CG26. Nos lo propone el aguinaldo de 2010, que nos invita a involucrarnos en el compromiso evangelizador como familia salesiana, de la que Don Rua ha sido un promotor convencido. El CG26 nos invita a llevar el evangelio a los jóvenes, comprometiéndonos a ser comunidades evangelizadas y evangelizadoras, a situar en el centro la propuesta de Jesucristo, a desarrollar con un esfuerzo fecundo la relación entre evangelización y educación, a tener presente los contextos, a implicar a las familias. Dejémonos inspirar por este tema capitular en el replanteamiento de nuestra pastoral.

El espíritu de Cristo nos anime en nuestro camino de renovación pastoral y María Auxiliadora nos sostenga en el compromiso apostólico. Don Bosco sea siempre nuestro modelo y nuestro guía.

Cordialmente en el Señor.

Don Pascual Chávez Villanueva

Rector Mayor

domingo, 2 de agosto de 2009

Mensaje del Rector Mayor para el Mes de Agosto

LA FAMILIA SALESIANA COMO MOVIMIENTO

Conocerse, formarse, trabajar juntos

Se asiste a una verdadera movilización del laicado, incluso sin ser creyente practicante, en las actividades salesianas, en ciertas circunstancias… De esta forma comienza un vasto movimiento de personas que se organizan, se coordinan y comparten un proyecto para la salvación de la juventud y del pueblo (CDM 5).

Más de una vez, queridos lectores, he dicho y escrito que la Familia Salesiana (FS) es un “Movimiento”. El término no es una palabra de moda: en el contexto eclesial esta nueva forma de agregación ha tenido un éxito y una consideración particulares.


Los movimientos eclesiales, cada uno con su especificidad propia, son hoy numerosos e interesan a miles de personas. Por tanto no seguimos una moda, sino que recogemos una herencia histórica. Lo que fue iniciado por Don Bosco se caracteriza en efecto cabalmente por ser “un vasto movimiento de personas para la salvación de la juventud”[1]. ¿Cuál es su especificidad? Es un movimiento espiritual y apostólico.


ESPECIFICANDO

- Es un movimiento, es decir algo dinámico. Esto explica por qué sigue creciendo en número, así de miembros como de grupos. Hoy son 26 los grupos que le pertenecen oficialmente, pero hay siquiera otros 30 que ya actúan en este sentido aunque no gocen de un reconocimiento oficial, y algunos de ellos son realmente interesantes y significativos. ¿Seguirán aumentando? El P. Egidio Viganó, mi predecesor, afirmó que la FS habría llegado a contar a lo menos 300 grupos. ¿Exageración? Entusiasmo tal vez, o más bien confianza en el carisma de Don Bosco, en sus mil facetas, en su carácter dinámico, en su capacidad de expresarse en formas diversas.

- Es un movimiento espiritual, porque fruto del Espíritu que lo ha inspirado y sigue creándolo. La FS no es un proyecto nacido en un escritorio ni fruto del genio de Don Bosco. Las Constituciones Salesianas dicen expresamente que es obra del Espíritu Santo, puesta en acto a través de la intercesión de María. Y esto no asegura que se trata de algo carismático, de un don de Dios a servicio de la Iglesia y del mundo. Es bello saber que el elemento creador de la FS es realmente el Espíritu Santo.

- Es un movimiento apostólico, es decir, lanzado a una misión que cumplir, no un club de amigos que se encuentran bien juntos, ni tampoco una sociedad filantrópica. Es un cuerpo que actúa dentro de la Iglesia a favor de la sociedad. En resumen, se trata de una vocación, de la llamada a continuar la obra de Cristo a través de un mandato específico, el de entregarse, mediante la educación, a la salvación de los jóvenes más pobres y de los que viven en situaciones difíciles.


DOS DOCUMENTOS TRES OBJETIVOS

Tenemos en la FS dos documentos que aclaran, por un lado, nuestra identidad y, por otra, nuestra misión común. Ellos son la “Carta de la Comunión” y la “Carta de la Misión”. En concreto quisiera empero invitarlos a dar tres pasos importantes. ¡Para vivir realmente como Movimiento debemos “conocernos más”, “formarnos juntos”, “trabajar en sinergia”! Son los objetivos que les propongo para un inmediato futuro.

- “Conocernos más” significa tomar acto de la realidad de nuestra familia. Es necesario que los grupos se conozcan entre sí, crear ocasiones concretas de encuentro, celebrar la fraternidad que se recoge bajo el mismo carisma. Hace falta además una grande atención para valorizar los dones específicos: de los religiosos y de los consagrados seglares, de los grupos femeninos y de los masculinos, de los consagrados en el mundo y de los que viven una vida en común, de quien obra en estructuras y de quien realiza su apostolado en un contexto de vida cotidiana, de los grupos pequeños y de los grandes. En este camino de conocimiento y animación mutua una responsabilidad particular es confiada a los salesianos que deben “creer” siempre más en la familia que Don Bosco les ha entregado, de la cual forman parte integrante y que deben amar y animar.

- El segundo paso importante es “formarnos juntos”. Se trata de una convicción por adquirir y de una praxis por iniciar. Nuestra formación posee contenidos y puntos de referencia. Ante todo, el estudio de Don Bosco para conocer, comprender y asumir su proyecto carismático y sus criterios de acción pastoral. Utilísimo puede resultar el conocimiento de experiencias pastorales positivas de los varios grupos y congregaciones. Aniversarios y fiestas (centenarios, cincuentenarios etc.) son ocasiones propicias para adquirir y/o profundizar dichos conocimientos. Igualmente útil puede ser la celebración de retiros y/o ejercicios espirituales que favorecen un clima de mayor participación espiritual. Allí donde es posible, se podrían realizar verdaderos y auténticos caminos formativos, finalizados al común patrimonio carismático y/o a un mejor conocimiento de la juventud o del territorio donde trabajamos. Estas iniciativas deben desarrollar un sentido de pertenencia siempre más profundo y la toma de conciencia que todos tienen de su propia especifidad.

- El tercer paso es “trabajar en sinergia”. Recordemos la comparación con la cual Don Bosco nos invitaba a dar valor a la unidad. Un solo hilo, bajo tracción, se rompe fácilmente; muchos hilos, bien trenzados entre sí, forman una cuerda que nadie podrá romper. No es pensable, por tanto, que varios grupos de la FS vivan en un mismo territorio, enfrenten los mismo desafíos y luego decidan trabajar cada uno por su cuenta. ¿Qué hacer? Ante todo, conocer los desafíos que la Iglesia de pertenencia debe enfrentar. Entrar en contacto de colaboración con los obispos, privilegiando a las personas y grupos más cercanos a nuestra misión (la Iglesia local nos debe considerar gente de casa y no huéspedes o, peor, metidos); entrar en colaboración con las fuerzas de la sociedad civil interesadas directa o indirectamente a la misión de la FS. La ciudad o la región deben percibir el beneficio de nuestras iniciativas y considerarnos una fuerza sumamente positiva desde el punto de vista social y espiritual. Con vivo sentido de Iglesia la FS enfrenta así el conjunto de los desafíos pastorales-sociales de la zona, puede determinar las urgencias y proponer respuestas operativas adecuadas, dando origen a un proyecto común en el territorio.

Queridos lectores, ¡no les estoy proponiendo un sueño! En muchas partes del mundo ya se trata de una realidad. Pero el espacio entre lo que se hace y lo que se puede hacer sigue siendo grande. Es hora de moverse, ¿no les parece?

[1] Constituciones de los Salesianos de Don Bosco. Artículo 5a

sábado, 31 de enero de 2009

Nos habla nuestro Rector Mayor: "Construid un amplio movimiento para la salvación de los jóvenes"

Queridos jóvenes,

he participado, el verano pasado, en la Jornada Mundial de la Juventud en Australia. Daba gusto ver a tantos jóvenes procedentes de todo el mundo, a pesar de las distancias y los gastos, pertenecientes a grupos diocesanos, a grupos animados por institutos religiosos y por los movimientos.

Mi pensamiento ha ido espontáneamente a la gran aventura que comenzó con Jesús de Nazaret. Desde las orillas del océano pensaba en las riberas de un lago de un país minúsculo y desconocido. Aquellas riberas encerraban un pequeño mundo de pescadores que conocían solamente las aguas del lago con sus imprevistas tempestades y sus largos y misteriosos silencios, y que en ese mismo lago encontraron a Jesús.

Fascinados por aquel hombre, lo seguirán, lo escucharán, a veces no lo comprenderán. Dudarán de él hasta el final y lo traicionarán. Pero al final todos se reconocen en la ardiente confesión de fe de Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Solo tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 69). Se habían dejado capturar por su amor total y gratuito. Un amor más grande y más verdadero que sus posibles debilidades, que su misma traición. Así aquella pequeña semilla ha crecido, ha llegado a ser un gran pueblo que cubre la faz de la tierra: la Iglesia.

He sentido la alegría de encontrar también a los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano. Ante aquellos millares de jóvenes entusiastas me vino a la mente el recuerdo del pequeño grupo de jóvenes que aquella fría tarde del 18 de diciembre de 1859 se reunieron en la habitación de Don Bosco para hacer la opción más importante de su vida: quedarse con Don Bosco, entregándose totalmente al Señor. Así, de una manera sencilla y humilde, hace 150 años, fue lanzada una semilla. Me parece ver al joven Cagliero que, una semana antes de aquella decisión, daba vueltas de una parte para otra en el patio, incierto, confuso, pensando una cosa y después otra, hasta que suelta la frase: «Fraile o no, ¡yo me quedo con Don Bosco!». Se quedó con Don Bosco, llevando aquella pequeña semilla hasta los últimos confines de la Patagonia. Una historia más grande que él, más grande que aquellos jóvenes pobres pero generosos. De aquella pequeña semilla nacieron los Salesianos, las Hijas de María Auxiliadora, los Salesianos Cooperadores.

Una historia que ha llegado hasta nosotros, porque aquella semilla se ha convertido en un gran árbol: la Familia Salesiana.

Es verdad, eran jóvenes pobres, limitados en su experiencia humana y cultural. Pero en Don Bosco habían encontrado a Jesucristo que los lanzó a una misión humanamente imposible, una loca aventura: «Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra» (Hech 1,8). También a vosotros, jóvenes del tercer milenio, confía el Señor la misión que hace dos mil años entregó a sus discípulos: «Te envío a anunciar mi Evangelio hasta los confines de la tierra. Ve con el amor y la pasión apostólica que impulsó a Don Bosco a preferir siempre a los jóvenes, a los pobres, a los pueblos no evangelizados todavía».

¡No tengáis miedo! Jesús Resucitado os asegura la fuerza, el dinamismo y la alegría que provienen del Espíritu Santo. Con la fuerza del Espíritu, la Iglesia cumple su misión, hace presente a Jesús hoy; el mismo Espíritu que suscitó y formó a Don Bosco, ha hecho de aquella semilla un árbol grande y hermoso. Para continuar esta misión me dirijo a vosotros, queridos jóvenes, con la apremiante invitación a colaborar con vuestro entusiasmo y dinamismo juvenil a hacer de la Familia Salesiana un gran movimiento, vasto como el mundo, para la salvación de los jóvenes.

No sois sólo los destinatarios de la misión salesiana, sino que con vuestro frescor juvenil sois el corazón palpitante de este gran Movimiento. Por eso os preguntaréis: «¿Qué debemos hacer, cómo podemos responder a la misión que Jesús nos confía y cómo podremos evangelizar concretamente a nuestros compañeros?»

Estoy convencido de que si sabéis encontrar espacio para la oración y para poneros a la escucha dócil del Espíritu Santo, veréis cada vez con más claridad cómo proceder en esta obra tan importante que es la evangelización y educación vuestra y de vuestros amigos.

Y aquí quisiera, con simplicidad, daros algunas sugerencias que confío a vuestra reflexión y a vuestro corazón generoso.

Ante todo os invito a cultivar una actitud de fondo: la voluntad de caminar juntos hacia una meta compartida, con un intenso espíritu de comunión, convencidos de que hay que unir fuerzas, con madura capacidad de proyectar juntos. Hemos recibido el gran don de la Espiritualidad Juvenil Salesiana, que es la fuente de nuestra comunión y el dinamismo de nuestra misión, y que debemos profundizar y compartir cada vez más.

Nuestra misión común, nuestra meta compartida, es el «planeta jóvenes». Por eso, queridos amigos, es necesario estar dentro de la realidad juvenil. Jesús os invita, junto a todo el Movimiento Salesiano, a entrar en el mundo de los jóvenes de hoy, con sus sombras y sus luces, sus angustias y sus esperanzas, con sus momentos de alegría pero también con sus sufrimientos, con su vida exuberante pero también con sus desiertos donde brota solo la hierba amarga de la soledad. Pienso en el mundo escolar, en la Universidad, en la realidad laboral; pienso en los lugares del tiempo libre y de la diversión; pienso sobre todo en las zonas desesperadas del malestar juvenil. Habrá que estar activamente presentes en todos estos ambientes promoviendo una mayor calidad de vida, una comunicación más intensa y profunda, una solidaridad que haga superar tanto individualismo y tanta soledad en la que viven tantos jóvenes, testimoniando los valores positivos que dan sentido y gusto a la vida y, sobre todo, haciendo presente entre los jóvenes a la persona de Jesucristo, fuente de humanidad plena, de vida y de alegría.

Otra sugerencia: hacer que se oiga la voz de los jóvenes, en especial la de tantos jóvenes que no tienen voz y a los que nadie escucha; dar a conocer sus necesidades y sus expectativas, defender sus derechos y acompañarlos en sus reivindicaciones. Ante todo hacer oír la voz de los jóvenes entre vuestros compañeros, que muchas veces no conocen ciertas situaciones de malestar y de marginación; hacer que se oiga en los grupos de la Familia Salesiana. Como Domingo Savio, que llevó a Don Bosco hasta el enfermo de peste que había quedado abandonado, así también vosotros tenéis que darle la mano a la Familia Salesiana para que se ocupe de los enfermos de nuestro tiempo. Si no entráis vosotros en esta realidad, probablemente ningún otro irá en lugar vuestro.

Pero también juntos, como Movimiento, debéis ser la voz de los jóvenes ante la sociedad y ante la misma Iglesia: fomentad con creatividad iniciativas que ayuden a conocer sus problemas, sus situaciones de peligro, sus expectativas y esperanzas.

Habrá que dar a conocer también las noticias que hablan de lo que se hace en el mundo de los jóvenes, de tantas iniciativas positivas que ordinariamente no aparecen en los medios de comunicación; promover de esta manera una visión positiva del mundo juvenil entre los adultos, contagiándolos con vuestro entusiasmo y dinamismo.

Estamos llamados a ir juntos a la entraña de la vida, aceptando los retos de la complejidad cultural y social. La familia, la escuela, la comunicación social, la cultura, la política, necesitan nuevas formas de solidaridad. La respuesta está en el compromiso activo por el bien común que, para la Familia Salesiana, significa promover la tarea compartida ante los grandes desafíos de la vida, de la pobreza en sus distintas expresiones, de la evangelización, de la paz, de los derechos humanos. Para vosotros, jóvenes, el voluntariado civil, social y misionero, representa una posible vocación significativa y comprometida que como Movimiento debéis fomentar.

Otro sector para compartir como Movimiento es el compromiso misionero. En estos últimos años, en las expediciones misioneras, hay siempre algunos jóvenes que ofrecen algunos años de su vida para la difusión del Evangelio; pero también en vuestros países podéis crear redes de colaboración y de apoyo para sostener la tarea misionera de la Familia Salesiana y de la Iglesia.
Estad dispuestos a hacer opciones exigentes de servicio, generosos hasta acoger el don de Dios que llama con una vocación de especial consagración.

Robusteced el mismo Movimiento Juvenil Salesiano promoviendo encuentros y relaciones entre los distintos grupos de una misma obra salesiana o de la misma zona, favoreciendo el intercambio de iniciativas y subsidios, la colaboración en proyectos compartidos al servicio de las grandes causas de la vida y de la solidaridad. Abrid el MJS a otros movimientos de la Iglesia local, colaborad con instituciones y organismos de la sociedad civil, especialmente con los que se ocupan de los jóvenes y del malestar juvenil. Dad visibilidad eclesial y social a la presencia salesiana, como Movimiento, participando en los proyectos comunes, ofreciendo vuestros recursos y posibilidades para apoyar iniciativas a favor de los jóvenes, fomentando colaboraciones variadas, ágiles, convergentes, renovables…

Y he aquí una última recomendación que me parece importante. El Movimiento Salesiano ha nacido del corazón apostólico de Don Bosco, inflamado de caridad por la salvación de los jóvenes. Seremos capaces de construir Movimiento Salesiano si sabemos estar presentes en la realidad juvenil con el corazón anclado en Cristo. Estamos llamados a modelar nuestro corazón, pobre e incluso pecador, sobre el de Jesús, en el cual Dios se ha manifestado al mundo como el que da la vida, para que el hombre sea feliz y tenga vida en abundancia (cfr. Jn 10,10). Hay que tener una fe, cada vez más fuerte, que se alimenta con la Palabra de Dios y la Eucaristía, que se sumerge con frecuencia en el océano de la misericordia de Dios y que comprueba siempre lo hermoso e importante que es dejarse ayudar por un guía espiritual.

Siguiendo rutas de profundización espiritual y de formación pastoral podremos cumplir nuestra misión común, que es la educación cristiana y la orientación del joven en la vida.

He aquí la interpelación que el Papa dirigió a los jóvenes en la pasada Jornada Mundial de Sidney, diciendo: «Queridos jóvenes, permitid que os haga ahora una pregunta. ¿Qué vais a dejar a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestra existencia sobre cimientos sólidos, estáis construyendo algo duradero? ¿Estáis viviendo vuestra vida dando espacio al Espíritu en medio de un mundo que quiere olvidar a Dios, o incluso rechazarlo en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que habéis recibido, la fuerza que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia vais a dejar a los jóvenes futuros? ¿Qué diferencia vais a marcar?» (Homilía en la Eucaristía final en el Hipódromo de Randwick, el 20 de julio de 2008).

Pongámonos en camino con esperanza: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos hasta lo últimos confines de la tierra» (Hech 1,8). Queridos jóvenes, estas palabras de Jesús son para cada uno de vosotros. ¡No lo olvidéis nunca! Jesús Resucitado abre a cada uno de vosotros estos grandes horizontes, os señala también a vosotros los confines de la tierra. Confines que empiezan aquí y ahora, en vuestros países, en vuestras ciudades donde os ha colocado la Providencia. Somos parte de una gran Familia nacida del corazón de Don Bosco y crecida con el don de María Mazzarello y de todos los Santos y Santas que la han vivificado, especialmente los santos jóvenes, Domingo Savio, Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá, los cinco jóvenes mártires del Oratorio de Poznan, y tantos otros. El Señor nos llama hoy a continuar esta hermosa aventura para el bien y la salvación de los jóvenes.

María, que ha sido la Madre y Maestra de Don Bosco, no nos puede dejar solos en este camino. Ella es también para nosotros Madre y Maestra, que nos conduce a Cristo y a los jóvenes, para que podamos construir al servicio de los jóvenes más pobres un Movimiento de salvación y de vida plena.

En la solemnidad de San Juan Bosco
Don Pascual Chávez Villanueva
Turín, 31 de enero de 2009

(fuente: http://www.infoans.org/)