sábado, 31 de enero de 2009

Nos habla nuestro Rector Mayor: "Construid un amplio movimiento para la salvación de los jóvenes"

Queridos jóvenes,

he participado, el verano pasado, en la Jornada Mundial de la Juventud en Australia. Daba gusto ver a tantos jóvenes procedentes de todo el mundo, a pesar de las distancias y los gastos, pertenecientes a grupos diocesanos, a grupos animados por institutos religiosos y por los movimientos.

Mi pensamiento ha ido espontáneamente a la gran aventura que comenzó con Jesús de Nazaret. Desde las orillas del océano pensaba en las riberas de un lago de un país minúsculo y desconocido. Aquellas riberas encerraban un pequeño mundo de pescadores que conocían solamente las aguas del lago con sus imprevistas tempestades y sus largos y misteriosos silencios, y que en ese mismo lago encontraron a Jesús.

Fascinados por aquel hombre, lo seguirán, lo escucharán, a veces no lo comprenderán. Dudarán de él hasta el final y lo traicionarán. Pero al final todos se reconocen en la ardiente confesión de fe de Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Solo tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 69). Se habían dejado capturar por su amor total y gratuito. Un amor más grande y más verdadero que sus posibles debilidades, que su misma traición. Así aquella pequeña semilla ha crecido, ha llegado a ser un gran pueblo que cubre la faz de la tierra: la Iglesia.

He sentido la alegría de encontrar también a los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano. Ante aquellos millares de jóvenes entusiastas me vino a la mente el recuerdo del pequeño grupo de jóvenes que aquella fría tarde del 18 de diciembre de 1859 se reunieron en la habitación de Don Bosco para hacer la opción más importante de su vida: quedarse con Don Bosco, entregándose totalmente al Señor. Así, de una manera sencilla y humilde, hace 150 años, fue lanzada una semilla. Me parece ver al joven Cagliero que, una semana antes de aquella decisión, daba vueltas de una parte para otra en el patio, incierto, confuso, pensando una cosa y después otra, hasta que suelta la frase: «Fraile o no, ¡yo me quedo con Don Bosco!». Se quedó con Don Bosco, llevando aquella pequeña semilla hasta los últimos confines de la Patagonia. Una historia más grande que él, más grande que aquellos jóvenes pobres pero generosos. De aquella pequeña semilla nacieron los Salesianos, las Hijas de María Auxiliadora, los Salesianos Cooperadores.

Una historia que ha llegado hasta nosotros, porque aquella semilla se ha convertido en un gran árbol: la Familia Salesiana.

Es verdad, eran jóvenes pobres, limitados en su experiencia humana y cultural. Pero en Don Bosco habían encontrado a Jesucristo que los lanzó a una misión humanamente imposible, una loca aventura: «Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra» (Hech 1,8). También a vosotros, jóvenes del tercer milenio, confía el Señor la misión que hace dos mil años entregó a sus discípulos: «Te envío a anunciar mi Evangelio hasta los confines de la tierra. Ve con el amor y la pasión apostólica que impulsó a Don Bosco a preferir siempre a los jóvenes, a los pobres, a los pueblos no evangelizados todavía».

¡No tengáis miedo! Jesús Resucitado os asegura la fuerza, el dinamismo y la alegría que provienen del Espíritu Santo. Con la fuerza del Espíritu, la Iglesia cumple su misión, hace presente a Jesús hoy; el mismo Espíritu que suscitó y formó a Don Bosco, ha hecho de aquella semilla un árbol grande y hermoso. Para continuar esta misión me dirijo a vosotros, queridos jóvenes, con la apremiante invitación a colaborar con vuestro entusiasmo y dinamismo juvenil a hacer de la Familia Salesiana un gran movimiento, vasto como el mundo, para la salvación de los jóvenes.

No sois sólo los destinatarios de la misión salesiana, sino que con vuestro frescor juvenil sois el corazón palpitante de este gran Movimiento. Por eso os preguntaréis: «¿Qué debemos hacer, cómo podemos responder a la misión que Jesús nos confía y cómo podremos evangelizar concretamente a nuestros compañeros?»

Estoy convencido de que si sabéis encontrar espacio para la oración y para poneros a la escucha dócil del Espíritu Santo, veréis cada vez con más claridad cómo proceder en esta obra tan importante que es la evangelización y educación vuestra y de vuestros amigos.

Y aquí quisiera, con simplicidad, daros algunas sugerencias que confío a vuestra reflexión y a vuestro corazón generoso.

Ante todo os invito a cultivar una actitud de fondo: la voluntad de caminar juntos hacia una meta compartida, con un intenso espíritu de comunión, convencidos de que hay que unir fuerzas, con madura capacidad de proyectar juntos. Hemos recibido el gran don de la Espiritualidad Juvenil Salesiana, que es la fuente de nuestra comunión y el dinamismo de nuestra misión, y que debemos profundizar y compartir cada vez más.

Nuestra misión común, nuestra meta compartida, es el «planeta jóvenes». Por eso, queridos amigos, es necesario estar dentro de la realidad juvenil. Jesús os invita, junto a todo el Movimiento Salesiano, a entrar en el mundo de los jóvenes de hoy, con sus sombras y sus luces, sus angustias y sus esperanzas, con sus momentos de alegría pero también con sus sufrimientos, con su vida exuberante pero también con sus desiertos donde brota solo la hierba amarga de la soledad. Pienso en el mundo escolar, en la Universidad, en la realidad laboral; pienso en los lugares del tiempo libre y de la diversión; pienso sobre todo en las zonas desesperadas del malestar juvenil. Habrá que estar activamente presentes en todos estos ambientes promoviendo una mayor calidad de vida, una comunicación más intensa y profunda, una solidaridad que haga superar tanto individualismo y tanta soledad en la que viven tantos jóvenes, testimoniando los valores positivos que dan sentido y gusto a la vida y, sobre todo, haciendo presente entre los jóvenes a la persona de Jesucristo, fuente de humanidad plena, de vida y de alegría.

Otra sugerencia: hacer que se oiga la voz de los jóvenes, en especial la de tantos jóvenes que no tienen voz y a los que nadie escucha; dar a conocer sus necesidades y sus expectativas, defender sus derechos y acompañarlos en sus reivindicaciones. Ante todo hacer oír la voz de los jóvenes entre vuestros compañeros, que muchas veces no conocen ciertas situaciones de malestar y de marginación; hacer que se oiga en los grupos de la Familia Salesiana. Como Domingo Savio, que llevó a Don Bosco hasta el enfermo de peste que había quedado abandonado, así también vosotros tenéis que darle la mano a la Familia Salesiana para que se ocupe de los enfermos de nuestro tiempo. Si no entráis vosotros en esta realidad, probablemente ningún otro irá en lugar vuestro.

Pero también juntos, como Movimiento, debéis ser la voz de los jóvenes ante la sociedad y ante la misma Iglesia: fomentad con creatividad iniciativas que ayuden a conocer sus problemas, sus situaciones de peligro, sus expectativas y esperanzas.

Habrá que dar a conocer también las noticias que hablan de lo que se hace en el mundo de los jóvenes, de tantas iniciativas positivas que ordinariamente no aparecen en los medios de comunicación; promover de esta manera una visión positiva del mundo juvenil entre los adultos, contagiándolos con vuestro entusiasmo y dinamismo.

Estamos llamados a ir juntos a la entraña de la vida, aceptando los retos de la complejidad cultural y social. La familia, la escuela, la comunicación social, la cultura, la política, necesitan nuevas formas de solidaridad. La respuesta está en el compromiso activo por el bien común que, para la Familia Salesiana, significa promover la tarea compartida ante los grandes desafíos de la vida, de la pobreza en sus distintas expresiones, de la evangelización, de la paz, de los derechos humanos. Para vosotros, jóvenes, el voluntariado civil, social y misionero, representa una posible vocación significativa y comprometida que como Movimiento debéis fomentar.

Otro sector para compartir como Movimiento es el compromiso misionero. En estos últimos años, en las expediciones misioneras, hay siempre algunos jóvenes que ofrecen algunos años de su vida para la difusión del Evangelio; pero también en vuestros países podéis crear redes de colaboración y de apoyo para sostener la tarea misionera de la Familia Salesiana y de la Iglesia.
Estad dispuestos a hacer opciones exigentes de servicio, generosos hasta acoger el don de Dios que llama con una vocación de especial consagración.

Robusteced el mismo Movimiento Juvenil Salesiano promoviendo encuentros y relaciones entre los distintos grupos de una misma obra salesiana o de la misma zona, favoreciendo el intercambio de iniciativas y subsidios, la colaboración en proyectos compartidos al servicio de las grandes causas de la vida y de la solidaridad. Abrid el MJS a otros movimientos de la Iglesia local, colaborad con instituciones y organismos de la sociedad civil, especialmente con los que se ocupan de los jóvenes y del malestar juvenil. Dad visibilidad eclesial y social a la presencia salesiana, como Movimiento, participando en los proyectos comunes, ofreciendo vuestros recursos y posibilidades para apoyar iniciativas a favor de los jóvenes, fomentando colaboraciones variadas, ágiles, convergentes, renovables…

Y he aquí una última recomendación que me parece importante. El Movimiento Salesiano ha nacido del corazón apostólico de Don Bosco, inflamado de caridad por la salvación de los jóvenes. Seremos capaces de construir Movimiento Salesiano si sabemos estar presentes en la realidad juvenil con el corazón anclado en Cristo. Estamos llamados a modelar nuestro corazón, pobre e incluso pecador, sobre el de Jesús, en el cual Dios se ha manifestado al mundo como el que da la vida, para que el hombre sea feliz y tenga vida en abundancia (cfr. Jn 10,10). Hay que tener una fe, cada vez más fuerte, que se alimenta con la Palabra de Dios y la Eucaristía, que se sumerge con frecuencia en el océano de la misericordia de Dios y que comprueba siempre lo hermoso e importante que es dejarse ayudar por un guía espiritual.

Siguiendo rutas de profundización espiritual y de formación pastoral podremos cumplir nuestra misión común, que es la educación cristiana y la orientación del joven en la vida.

He aquí la interpelación que el Papa dirigió a los jóvenes en la pasada Jornada Mundial de Sidney, diciendo: «Queridos jóvenes, permitid que os haga ahora una pregunta. ¿Qué vais a dejar a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestra existencia sobre cimientos sólidos, estáis construyendo algo duradero? ¿Estáis viviendo vuestra vida dando espacio al Espíritu en medio de un mundo que quiere olvidar a Dios, o incluso rechazarlo en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que habéis recibido, la fuerza que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia vais a dejar a los jóvenes futuros? ¿Qué diferencia vais a marcar?» (Homilía en la Eucaristía final en el Hipódromo de Randwick, el 20 de julio de 2008).

Pongámonos en camino con esperanza: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos hasta lo últimos confines de la tierra» (Hech 1,8). Queridos jóvenes, estas palabras de Jesús son para cada uno de vosotros. ¡No lo olvidéis nunca! Jesús Resucitado abre a cada uno de vosotros estos grandes horizontes, os señala también a vosotros los confines de la tierra. Confines que empiezan aquí y ahora, en vuestros países, en vuestras ciudades donde os ha colocado la Providencia. Somos parte de una gran Familia nacida del corazón de Don Bosco y crecida con el don de María Mazzarello y de todos los Santos y Santas que la han vivificado, especialmente los santos jóvenes, Domingo Savio, Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá, los cinco jóvenes mártires del Oratorio de Poznan, y tantos otros. El Señor nos llama hoy a continuar esta hermosa aventura para el bien y la salvación de los jóvenes.

María, que ha sido la Madre y Maestra de Don Bosco, no nos puede dejar solos en este camino. Ella es también para nosotros Madre y Maestra, que nos conduce a Cristo y a los jóvenes, para que podamos construir al servicio de los jóvenes más pobres un Movimiento de salvación y de vida plena.

En la solemnidad de San Juan Bosco
Don Pascual Chávez Villanueva
Turín, 31 de enero de 2009

(fuente: http://www.infoans.org/)

viernes, 30 de enero de 2009

Bronislao Markiewicz, un sacerdote salesiano para los pobres

Bronislao Markiewicz nació el 13 de julio de 1842 en Pruchnik, Galizia (sur de Polonia). Era el sexto de once hijos, de una devota familia de clase media baja. Bronislao enfrentó el hambre, la pobreza y la persecución que encontró en la escuela debido a los ideales cristianos, pero todo lo aceptó con un espíritu de fe y decidió ingresar al seminario. El 15 de setiembre de 1867 fue ordenado sacerdote. Se propuso enérgicamente el trabajo de enseñar catequesis y de hacer apostolado con los prisioneros; le encantaba estar con la gente, especialmente si eran pobres. Le atraía la juventud marginada que sufría todo tipo de pobreza y decidió hacer estudios educativos para ayudarlos mejor y para salvar sus almas. La Providencia le inspiró un ardiente deseo de entrar en un Instituto Religioso dedicado al cuidado de los jóvenes.

Se une a Don Bosco como Salesiano

Así que viajó a Italia, donde se sintió atraído por la espiritualidad de Don Bosco quien, sin él saberlo, ya lo llevaba en su corazón. Solicitó y fue aceptado a ingresar en la Congregación Salesiana en 1887 e hizo sus votos perpetuos al propio Don Bosco. Tuvo la gran fortuna de escuchar las recomendaciones del Santo y de absorber directamente su espíritu. En 1892 regresó a Polonia como Salesiano y como párroco en Miejsce, en Galizia, donde pudo dedicarse a la juventud polaca pobre y abandonada.

Más radical aún – una nueva Sociedad

Para responder mejor a las necesidades prácticas de los pobres en Galizia, Bronislao sintió la necesidad de vivir los principios de Don Bosco aún más radicalmente y, después de recibir el asesoramiento de aquellos que trabajaban con él, fundó la Sociedad llamada Trabajo y Abstinencia. Nueve años después de su muerte, tanto la rama masculina como la femenina de la sociedad fueron reconocidas por la Iglesia y dieron nacimiento a dos Congregaciones bajo la advocación de San Miguel Arcángel

Los miguelitas

Sus miembros fueron conocidos como los Miguelitas. El padre Bronislao, al igual que Don Bosco, recomendaba a sus hijos y gente joven fomentar una gran devoción por la Eucaristía y por María, así como por San Miguel, a quien eligió como protector en la lucha diaria contra el mal. La unión con Cristo crucificado y la virtud de la moderación caracterizan sus actividades apostólicas en beneficio del prójimo.

Murió en Miejsce Piestowe, el 29 de enero de 1912.

(fuente: www.sdb.org)

martes, 13 de enero de 2009

La juventud hoy

Por Carmen Gómez, Psicología evolutiva


Actualmente la juventud ha pasado a un primer plano. Su poder e influencia es mucho mayor hoy que hace unos años. Los jóvenes constituyen sin duda un sector sobresaliente dentro de la comunidad.
Asistimos a una "juvenilización" de la sociedad. Los jóvenes imponen sus formas de hablar, modas, gustos, aficiones... en la sociedad.
Factores que explican la actualidad de los jóvenes
- Uno de ellos, es el poder económico de los jóvenes. Son los principales consumidores de ciertos productos. Su poder económico se ha hecho más manifiesto porque gastan el dinero en artículos muy llamativos, y su consumo tiende a concentrarse en determinados sectores del mercado.
- Las demandas de los jóvenes se han hecho importantes dentro de la sociedad y sus actividades son difundidas por los medios de comunicación de masas: la prensa, la radio y la T.V. tienden a crear mitologías de la juventud. Divulgan la imagen del "joven típico" y los que no se ajustan a ella empiezan a notar que es como si les faltase algo.
Los adultos pueden reaccionar ante esto con una mezcla de aturdimiento, desdén o envidia.
- Otro de los motivos de este auge se debe a la aceleración del desarrollo psicofísico. Las niñas se hacen mujeres antes, los chicos alcanzan la madurez física antes. Los problemas sexuales, religiosos, políticos, sociales, familiares..., etc., aparecen también antes que en eras históricas anteriores.
- Los jóvenes se encuentran cada vez más capacitados para adaptarse al mundo en que viven, hoy se lee más, se estudia más que en los tiempos de nuestros padres. Resulta evidente el número de jóvenes que frecuenta las escuelas, colegios, institutos, escuelas técnicas, centros de artes y oficios, universidades... etc. Se crea un gran sentido comunitario y una sensibilidad nueva para sentir la injusticia social.
- Los jóvenes se hallan en condiciones más ventajosas que el hombre maduro o anciano que tienen ya hechas sus vidas. El cambio rápido, el progreso y las novedades son asimiladas más pronto por los jóvenes.
- El mismo incremento de la población juvenil -en nuestro país existen 13 millones de personas menores de 25 años, o sea casi el 45% de la población total- acarrea problemas de falta de puestos de trabajo, falta de espacio en escuelas y universidades y ello crea a veces problemas y actitudes agresivas.
- Junto a ello, hay que destacar el importante papel que va teniendo la mujer en la vida social y cultural. De ser solamente novia, esposa, ha pasado a ser compañera, amiga y miembro del mismo equipo de trabajo o estudio. En las escuelas, fábricas, oficinas, comercios, universidades... la mujer está muchas veces luchando por equipararse al hombre, teniendo el mismo papel, similares necesidades y las mismas metas que el hombre.
Hay una mayor relación entre chicos y chicas, y esto hace que esas relaciones se produzcan en un clima de mayor naturalidad y exento de los prejuicios y tabúes de otras épocas.
Todos estos factores y muchos otros han de tenerse en cuenta para conocer y comprender a los jóvenes. De ahí que solamente un enfoque pluridimensional sea válido para un conocimiento más exacto de cómo son los jóvenes actuales.

La rebeldía juvenil


Los jóvenes con toda su viva imaginación, su capacidad creadora, su rapidez de reflejos, fácil memoria y su propensión al entusiasmo viven en un mundo rígido, llevado por los mayores, a los cuales se enfrentan.
Los jóvenes acusan a los mayores de un excesivo amor por el dinero y el bienestar, de una explotación de la gente, de deshonestidad en los negocios, corrupción en la política y un acusado conservadurismo e hipocresía. Atacan el "buen aparentar" ante la sociedad.
Rechazan la sociedad establecida y dentro de ella, sus lacras y, en muchas ocasiones, también sus logros. Por eso se marginan a veces, entendiendo de modo diametralmente opuesto a los adultos las grandes cuestiones de la vida: amor, trabajo, religión. En esta oposición son tan dogmáticos como los adultos en su seguridad instalada.
Los adultos, por su parte, acusan a los jóvenes de irresponsabilidad e incongruencia, de su afán destructor sin ofrecer un programa constructivo a cambio, de una visión del presente que ignora el pasado y de un idealismo utópico que no conduce a nada práctico.
Los jóvenes, dicen los adultos, desafían las normas y la autoridad que las mantiene, adoptan modos y atuendos excéntricos, no se ajustan a los patrones convencionales de la convivencia entre los sexos, protestan demasiado en sus canciones, violencias, manifestaciones... "En mis tiempos..." es su frase favorita.
En síntesis, los jóvenes se quejan de falta de libertad -la opresión de la sociedad de consumo- y los adultos les acusan de falta de responsabilidad.


¿Qué subyace bajo este conflicto?


Se trata, sin duda, de un conflicto de valores muy complejo, inherente a la sociedad industrial contemporánea. Muchos de los principios básicos del comportamiento humano, indiscutidos durante siglos, han sido sustituidos por valores cambiantes que se apoyan en argumentos de modernidad, ligados al desarrollo científico y técnico y a los cambios sociales. De ellos se deriva un enfrentamiento entre estos modos de actuar más propicios de los jóvenes y lo que ellos mismos peyorativamente consideran tradiciones superadas.
Estas conductas no pueden entenderse como problemas meramente individuales sino que tienen su origen en los conflictos de nuestra sociedad.
Muchas conductas "marginales" deben entenderse como una respuesta peculiar del individuo a la estructura social. Y así determinadas personas, como pueden ser los jóvenes, son más vulnerables y pueden ser afectados por estos conflictos sociales.